Por Álvaro PezoaUn partido para gobernar… y trascender

El reciente Consejo General del principal partido de gobierno dejó definiciones relevantes para su propia colectividad, al tiempo que actualizó una pregunta que toda democracia madura debería hacerse: ¿cuál es la misión de un partido doctrinal cuando llega al poder? La respuesta exige mirar más allá del éxito de una administración. Porque gobernar, siendo importante, no debería agotar la misión de una colectividad política.
El partido primordial de gobierno no está llamado ni a ser un espejo del Ejecutivo ni un factor permanente de tensión. Su responsabilidad es distinta. Mientras el gobierno conduce el presente, el partido junto con colaborar inteligente y decididamente con él, debe custodiar la tradición del país y abrir caminos para su futuro.
La tentación que debe evitar una tienda política en estas circunstancias es que, para mostrar autonomía, comience a distanciarse públicamente del gobierno, multiplicando excesivamente las exigencias o generando controversias innecesarias que terminen dificultando la gobernabilidad. La independencia buscada se transforma entonces en pernicioso afán de protagonismo.
Le corresponde, en cambio, contribuir al gobierno y la sociedad preservando el ideario que lo identifica, consolidando su solidez doctrinaria y enriqueciendo permanentemente su visión del país, para responder a los nuevos desafíos sin renunciar a los principios fundamentales. Debe ofrecer un horizonte de desarrollo integral para la nación, inspirado en una determinada comprensión de la persona, del bien común y de la vida en sociedad; capaz de orientar las políticas públicas y de dar continuidad a una tarea que necesariamente supera un período presidencial.
Esa misión requiere una vida interna vigorosa: formar dirigentes, preparar nuevas generaciones de líderes, edificar una cultura de servicio, estudiar con rigor los problemas nacionales, promover el debate de ideas, y fortalecer su presencia en la comunidad. Si descuida estas responsabilidades, tarde o temprano carecerá de capacidad para seguir sirviendo al país.
Además, los partidos no sólo sostienen gobiernos, también la democracia. Son custodios de un patrimonio político y cultural que reciben de quienes los precedieron y que tienen el deber de enriquecer y heredar a quienes vendrán. Cuando una colectividad termina convertida en una mera maquinaria electoral o en una estructura puramente instrumental al poder, esa misión comienza a desdibujarse. En cambio, cuando fortalece sus convicciones, configura una organización política robusta y mantiene una mirada de largo plazo, contribuye decisivamente a la estabilidad y progreso del país.
Un partido doctrinario no trasciende sólo por el tiempo que permanece en el poder, sino por la profundidad de las ideas que encarna, la calidad de los líderes que forma y el favor que presta al bien común.
Por Álvaro Pezoa, Director Centro Ética y Sostenibilidad Empresarial, ESE Business, U. de Los Andes School
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
50% Plan Digital+$5.150 al mes SUSCRÍBETE


















