Por Max ColodroEl riesgo de la calma

El gobierno sigue cayendo en las encuestas, pero en Palacio y sobre todo en el entorno presidencial mantienen la calma. Hay confianza y hay una convicción: la gente hoy lo está pasando mal como resultado del deterioro económico de los últimos años, al cual se agregó también un complejo escenario externo. En este cuadro, el gobierno ha decidido ser fiscalmente responsable y sacó adelante un paquete de reformas que dará un importante impulso a la inversión, el crecimiento y la generación de empleo. La clave política: la primera evaluación en las urnas es recién en octubre de 2028, es decir, en dos años más. Para entonces, las decisiones que se están tomando ahora habrán empezado a mostrar resultados.
Es una confianza no unánime pero relativamente extendida, y es lo que explica el escaso interés y la poca urgencia por mejorar la gestión política y, sobre todo, la comunicacional. Un gobierno que tiene puestas las expectativas en el mediano y el largo plazo no necesita preocuparse hoy de las encuestas y tampoco necesita voceros. Al final del día, los resultados hablarán por sí mismos y la gente va a percibir y agradecer las mejoras en su cotidianidad. Es cosa de tiempo, la actual crisis no durará hasta el momento en que el gobierno deba ser evaluado en las urnas. La calma y la convicción en lo realizado es la clave para sortear este momento difícil.
Suena tentador y hasta razonable, pero esta hipótesis tiene riesgos no menores. En primer lugar, el gobierno no tiene cómo saber cuál será el mundo en dos años más; el escenario externo es hoy un polvorín y nadie puede anticipar lo que viene hacia delante. La crisis que están enfrentando los Estados de bienestar en Europa es ahora una nueva variable en un concierto global cada día más impredecible. Con todo, el principal problema que tiene la apuesta de La Moneda es que, una vez más, confirma que importantes sectores de la derecha no calibran bien el peso que tienen las variables políticas y la incidencia de los climas de opinión pública.
El desgaste político que vive el gobierno no se va revertir si la autoridad no decide enfrentarlo. Y precisamente porque queda demasiado tiempo para las próximas elecciones es que la presente espiral de deterioro puede generar un cuadro irreversible, tal como le ocurrió al expresidente Piñera luego de la irrupción del movimiento estudiantil en 2011 y después del estallido social. La oposición huele la debilidad del gobierno y se apronta a llenar el vacío de poder. En esa dirección apuntan los recientes esfuerzos de rearticulación encabezados por Boric y Bachelet. También, la decisión cada vez más evidente de retomar la movilización como una variable clave para horadar al gobierno.
La derecha tiene un problema endémico para hacer política cuando está en La Moneda. Ahora además renunció a las comunicaciones. Está en su derecho, pero a lo que no tendrá derecho el día de mañana es a decir que el escenario hoy en gestación la pilló desprevenida.
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