Por Andrés GómezReseña de libros: de Enrique Lihn a Lula Almeyda
Una nueva edición de Porque escribí, la gran antología del poeta chileno, ahora prologada por Diego Zúñiga; Pajarona, una historia de crecimiento y formación en la Sexta Región, y un delicado libro ilustrado que rescata la historia del exilio en Finlandia, en las lecturas de la semana.


Porque escribí, de Enrique Lihn (FCE)
En la frágil estructura de un soneto, Enrique Lihn se preguntó por la necesidad de su oficio con una urgencia que desbordaba el poema: “Qué sería de mí sin mis palabras,/ sin mis pequeños signos de impotencia,/ yo a quien ni tan siquiera la impaciencia/ de una espera es posible”. Eventualmente, muchos lectores conocieron estos versos en las páginas de esta antología, una selección realizada por Eduardo Llanos a mediados de los 90 y que se convirtió en un clásico de culto. Diego Zúñiga lo dice bien en las primeras páginas de la nueva edición: “Hubo un tiempo, otro tiempo, en que este libro, para muchos lectores, fue la única forma de acceder a la poesía de Enrique Lihn (1929-1988)”. Poeta cardinal de la literatura latinoamericana, el paso del tiempo y el rescate de sus libros le ha dado nuevas dimensiones a su obra y su figura. Y a más de 30 años de su edición original, esta selección mantiene su poderosa, emotiva y lúcida intensidad. Aquí están sus grandes hits, desde los Monólogo de un padre con su hijo de meses a Nadie tiene que ver con el dolor, pasando por sus valientes poemas políticos y ese texto que da título a esta antología y que no por citado es menos deslumbrante: “Porque escribí no estuve en la casa del verdugo/ ni me dejé llevar por el amor a Dios/ ni acepté que los hombres fueran dioses (...)/ ni la pobreza me pareció atroz/ ni el poder una cosa deseable (...)// Pero escribí y me muero por mi cuenta/ porque escribí, porque escribí estoy vivo”.

Pajarona, Lula Almeyda (La Pollera)
En invierno la aldea en la montaña se cubría de nieve. La niña miraba por la ventana y veía el entorno blanco. La protagonista de este relato nació en Coya, un pueblito minero levantado en la precordillera de la Sexta Región. Fundado por la Braden Copper Company, allí las casas tenían el aspecto de “una película gringa, puertas de entrada con mosquitero, cocinas eléctricas, rejas bajitas. Mi casa era pequeñita y roja y tenía una cerca blanca de madera. Afuera había un sendero de tierra y árboles que daban esa sensación de habitar un bosquecito de montaña acondicionado para la humanidad. Una vida de hobbits”, cuenta. Poco después la familia se trasladó a Rancagua, pero en los inviernos solían volver a ver los campos nevados. Hija de un supervisor de Codelco, la protagonista cuenta con humor cómo fue crecer en una ciudad que celebra con cierto orgullo el “desastre” de Rancagua, cómo aceptó inscribirse en clases de religión para salir de casa, ir al mall y comenzar a experimentar en el sexo. Su pasión por las series y películas que veía en casa y cómo encontró momentos de felicidad escribiendo, filmando y editando cintas en VHS con sus amigas. Escritora y guionista, la autora narra una historia de formación con gracia y frescura.

Cuéntame, Antonio, de Sanna Pelliccioni (Mis Raíces)
Sofía sabe cómo comienza la historia: “Un sol suave de la mañana…”. La ha oído muchas veces de boca de su abuelo Antonio, la sabe casi de memoria, pero cada vez que lo ve le pide que se la cuente. “Un sol suave de la mañana calentaba el patio de nuestra casa en las afueras de Santiago. Nuestro patio rodeado de limoneros, nogales y árboles de damasco. Santiago está en Chile, un país muy lejano, cuando en Finlandia es verano, allí es invierno”, cuenta. Sofía escucha, se imagina ese país y le pide a Antonio que le hable del colegio, de la música que sonaba y de los trabajos que hacían para ayudar a la gente. “Cuando teníamos vacaciones de colegio y tiempo libre, enseñábamos a leer a la gente del campo y plantábamos árboles. Queríamos cambiar el mundo”. Después vinieron días difíciles, le cuenta: la gente estaba angustiada, el país era un caos y los militares tomaron el control del país. Antonio siempre se detiene allí, pero esta vez Sofía quiere que le cuente la historia completa. Así, él habla de su detención, de la prisión y cómo llegó a Finlandia. Le cuenta también cómo incluso en los peores momentos la música siempre lo acompañó. Y abuelo y nieta cantan juntos. Ilustrado con coloridos dibujos, este libro bello y sensible rescata con delicadeza la historia de cientos de personas que tuvieron que abandonar el país y encontraron refugio en Finlandia.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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