Por Juan Ignacio GuzmánCodelco: del diagnóstico a la tarea

Durante años, muchos hemos sostenido que Codelco enfrentaba una crisis que no podía seguir tratándose como un problema transitorio de precio, ciclo o comunicación. Por eso, el informe comparativo que acaba de publicar la empresa debe valorarse. No porque resuelva el problema, sino porque por primera vez lo ordena con crudeza y cifras. En una empresa pública, admitir brechas de producción, costos, márgenes y deuda es el punto de partida de cualquier recuperación seria.
En abril de 2024, planteé que la principal amenaza para la estatal no era dejar de ser primera en un ranking, sino perder la disciplina, la velocidad y la competitividad que explican el liderazgo minero. Hoy el diagnóstico oficial confirma esa preocupación. Codelco informa que en 2025 produjo 1,412 millones de toneladas de cobre atribuible y que fue superada como mayor productor mundial. Además, reconoce un cash cost C1 de 211,7 US$/lb, frente a 134,7 US$/lb en sus principales pares internacionales y 123,0 US$/lb en las principales operaciones privadas de Chile. Su deuda neta sobre EBITDA llega a 3,8 veces, mientras los comparables están muy por debajo de 1.
Estas cifras no son solo para especialistas. A la escala de Codelco, un centavo por libra equivale aproximadamente a US$31 millones de menores utilidades al año. Así, la brecha de 77 centavos por libra con sus pares internacionales representa cerca de US$2.400 millones anuales que no se materializaron como utilidades. Cuando Codelco opera lejos de la frontera de competitividad, no solo pierde la empresa: pierde el presupuesto público, las regiones mineras, la credibilidad del Estado empresario y Chile.
El contexto mundial vuelve más urgente la tarea. En 2025, la producción minera global de cobre estuvo en torno a 23 millones de toneladas. Con 1,412 millones de toneladas atribuibles, Codelco sigue siendo un actor decisivo, cercano al 6% de la oferta mundial. Pero la electrificación, las redes, la transmisión, la electromovilidad, los data centers y la infraestructura demandarán más cobre durante las próximas décadas. Cada 100 mil toneladas que Chile deja de producir significan empleo, encadenamientos productivos, recaudación fiscal y relevancia estratégica que otros capturan.
¿Qué sería entonces un buen resultado? No basta con estabilizar la producción ni explicar las dificultades geológicas. El objetivo debe ser reposicionar a Codelco como el mayor productor de cobre del mundo, pero no a cualquier costo. El foco debe ser producir más, con seguridad, ejecutar los proyectos y llevar los costos, al menos, al tercer cuartil de la industria. Varios yacimientos son antiguos y complejos, pero no existe una razón estructural para asumir que la estatal deba operar permanentemente con costos tan superiores a sus competidores.
Para lograrlo, se requiere alinear al directorio, la administración, los trabajadores, Cochilco, Contraloría, Hacienda y el Congreso detrás de una prioridad común. También se necesita separar con claridad el rol del dueño, del regulador y de la empresa. Cuando todos opinan, pero nadie responde, la crisis se administra. Cuando existen metas, responsables y consecuencias, empieza a revertirse.
Reconocer la crisis es un avance. Durante demasiado tiempo se confundió lealtad con silencio y defensa de Codelco con negación de sus problemas. La verdadera defensa de la empresa es exigirle estándares de clase mundial. Codelco no necesita indulgencia, sino urgencia, realismo y una gobernanza que le permita volver a competir.
Chile construyó buena parte de su historia económica moderna sobre Codelco y el cobre. Recuperar a la empresa no es nostalgia: es una decisión de desarrollo. Si vuelve a producir más, a menor costo y con mayor seguridad, habrá más cobre para un mundo que lo necesita y más recursos para un país que también los necesita. El diagnóstico ya está sobre la mesa. Ahora corresponde la tarea.
*El autor de la columna es CEO de GEM Mining Consulting
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