Pulso

Qué es y en qué consiste el modelo alemán Mittelstand que proponen aplicar en Chile

El modelo combina propiedad familiar, orientación de largo plazo, especialización de nicho y un robusto sistema de formación técnica. Pero las cifras del Banco Central, el INE y el SII muestran cuán lejos está Chile de esa realidad.

Las pequeñas y medianas empresas de Alemania

El pasado martes, la Cámara Chileno-Alemana de Comercio e Industria, en colaboración con la Corporación Grande Pyme e Icare, presentó un documento titulado “Una agenda para elevar la productividad: formación técnica, pymes y encadenamientos productivos”.

El texto, discutido por expertos locales en un seminario, consolida una serie de propuestas para la economía chilena basándose en el modelo Mittelstand, el entramado de empresas medianas que sostiene buena parte de la industria alemana.

La elección no es casual. El Mittelstand es señalado con frecuencia como la columna vertebral de la economía de Alemania y como una de las explicaciones de su fortaleza exportadora e industrial. La pregunta que surge es evidente: ¿qué es exactamente ese modelo y por qué se propone como espejo para Chile?

Qué es el Mittelstand

El término Mittelstand se traduce literalmente como “clase media”, pero en el mundo empresarial alemán designa algo más preciso: el universo de pequeñas y medianas empresas que constituye el núcleo productivo del país. En su definición más habitual, se trata de compañías con hasta 50 millones de euros de facturación anual y un máximo de 499 empleados, aunque más que un umbral estadístico, el Mittelstand describe una forma de hacer empresa.

Su rasgo distintivo es la propiedad familiar. La mayoría de estas firmas son controladas y dirigidas por sus propios dueños, muchas veces las mismas familias que las fundaron, y se transmiten de generación en generación.

El modelo alemán de productividad que proponen para Chile. FABIAN BIMMER

Esa estructura moldea el resto de sus características: en lugar de responder a accionistas y a resultados trimestrales, las empresas del Mittelstand planifican con un horizonte de largo plazo, se financian mayoritariamente con recursos propios y priorizan la continuidad del negocio y del apellido por sobre la ganancia inmediata.

De esa orientación se desprenden otros dos elementos que suelen citarse como la clave del modelo. El primero es la especialización extrema: buena parte de estas compañías son fabricantes de nicho, con frecuencia de productos intermedios poco visibles para el consumidor final, pero indispensables para el funcionamiento de bienes más complejos.

Esa apuesta por dominar un segmento acotado ha dado origen a los llamados “hidden champions” o campeones ocultos: firmas líderes mundiales en su especialidad y prácticamente desconocidas para el público general. Se estima que de las cerca de 2.700 empresas de este tipo que existen en el mundo, alrededor de 1.300 son alemanas.

Los economistas Ignacio Briones, Michelle Labbé y Óscar Landerretche abordaron el modelo alemán en un seminario. Macarena Arellano

El segundo elemento es la inversión sostenida en innovación y en capital humano. Las empresas del Mittelstand destinan recursos permanentes a investigación y desarrollo para mantener su liderazgo tecnológico y apuestan por relaciones laborales estables, en oposición a una cultura de “contratar y despedir”.

Esa estabilidad se apoya en el sistema alemán de formación dual, que combina educación en aula con aprendizaje remunerado dentro de la propia empresa y garantiza un flujo constante de técnicos altamente calificados. La cohesión entre empresas, sistema educativo y Estado es, precisamente, uno de los rasgos que hacen difícil replicar el modelo fuera de Alemania.

El peso económico de este ecosistema es considerable. Las Mittelstand generan alrededor del 80% del empleo privado en Alemania y cerca del 98% de las empresas exportadoras del país pertenecen a esta categoría, según The Wall Street Journal.

Un análisis de la IESE Business School de la Universidad de Navarra atribuye esa solidez al aprovechamiento de la tecnología, la formación del personal y la segmentación de los procesos productivos, que permite a estas empresas encadenarse con compañías de mayor tamaño.

El caso de Chile

Sobre el papel, Chile cuenta con una base amplia de pymes. Según datos del Banco Central, a mayo de 2025 existían en el país 759.320 pequeñas y medianas empresas activas, controladas por casi dos millones de emprendedores que componen el 93,8% del tejido empresarial nacional.

El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) calcula que estas empresas generan más de 6,4 millones de empleos, casi la mitad de la fuerza laboral total y el 46,8% de los empleos dependientes formales.

El contraste aparece al mirar su participación en la economía. Datos del Servicio de Impuestos Internos (SII) revelan que este sector concentra solo el 11,7% del total de ventas del país. Es decir, un universo enorme de empresas que emplea a millones de personas pero que aporta una fracción reducida de la actividad económica.

Cornelia Sonnenberg, directora ejecutiva de la Cámara Chileno-Alemana de Comercio e Industria (AHK Chile), reconoce que existen similitudes entre ambos países en el aporte que significan las pymes a sus respectivas economías, pero advierte que también hay “elementos donde se generan diferencias abismales entre las pymes en Chile y en Alemania”.

“En Alemania las pymes aportan más del 20% de las exportaciones, más del 10% de las inversiones en investigación y desarrollo (I+D), y emplean más del 60% de los aprendices del sistema dual de formación técnica. En Chile, por su parte, se estima que las pymes solamente participan con el 4% en las exportaciones y muy pocas de ellas participan de proyectos de I+D”, detalla.

Esa brecha se traduce, según Sonnenberg, en que las pequeñas empresas chilenas sean “menos productivas, menos competitivas y menos avanzadas en términos tecnológicos que sus pares alemanas”, aunque advierte que ello se explica también por el distinto nivel de desarrollo de ambos países y por la extensa historia de Alemania como nación industrializada.

Aunque Chile ha mostrado intenciones de insertarse en mercados internacionales, se trata mayoritariamente de empresas de mayor tamaño. La ampliación de las redes empresariales chilenas depende, en esta lectura, de que pymes altamente calificadas y productivas puedan también dar el salto al mercado internacional.

“Esto solo va a ser posible si las mismas pymes cuentan con condiciones de mejorar la adaptación de tecnología y conocimiento para subirse al carro del desarrollo. Y para ello requieren no solamente un marco de políticas públicas de fomento adecuadas, sino estabilidad de largo plazo en términos más generales como regulatorios, fiscales, políticos, etc.”, explica.

La ejecutiva apunta, además, a un factor que considera decisivo: la escasez de personal técnico calificado, un grado profesional que escasea en Chile y que dificulta a las pymes competir por talento en términos de salario.

“Habiendo en Chile una escasez en técnicos altamente calificados, se hace para las pymes muy difícil competir por ellos. Este es un factor tremendamente limitante, ya que define su productividad y capacidad de competir e integrarse a cadenas de suministro más sofisticadas, ya sea de empresas grandes nacionales o internacionales”, concluye.

Lee también:

Más sobre:Alemania

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE