Aprender a ser oficialista: una ruta con ripios
Los partidos que sustentan la administración Kast siguen en rodaje en su paso de ser oposición a ser gobierno. Persisten las diferencias para actuar frente a la izquierda y también las fricciones intramuros entre colectividades que hoy son socias, pero que hace pocos meses se enfrentaron duramente en la campaña presidencial.

“Les pido que actúen en unidad, que las críticas se hagan en privado, por favor”.
Con un tono tajante, el Presidente José Antonio Kast hizo un urgente llamado de atención a las dirigencias que sustentan su gobierno. Habían transcurrido solo 12 días de su llegada al poder -el 23 de marzo- y los análisis internos daban cuenta de que el brusco paso de ser oposición a ser oficialismo provocaba sus primeras grietas.
El asunto para Kast debía tener un freno desde el inicio de su administración.

Ese lunes, las miradas de los integrantes del comité político ampliado, en el salón Democracia y Memoria de La Moneda, se enfocaron en el diputado Diego Schalper, jefe de bancada de Renovación Nacional, quien en los días previos había hecho noticia por pedir mayor claridad comunicacional a la entonces vocera de gobierno, Mara Sedini, y por reprochar la propuesta de restringir el acceso a la gratuidad universitaria a los 30 años, como parte de una serie de medidas de ajuste económico impulsadas por el titular de Hacienda, Jorge Quiroz.
También hubo un llamado de atención a la jefa de bancada de los diputados UDI, Flor Weisse, quien había exigido la renuncia del delegado presidencial de Arauco, Pedro Marileo.
Hoy, a casi 100 días de gobierno, el rodaje no ha terminado. Persisten diferencias estratégicas para actuar frente a la oposición y lograr consensos, como también fricciones intramuros.
La situación más compleja en este tránsito la enfrenta el Partido Republicano, que el miércoles 10 cumplió siete años desde su fundación.
En sus haberes está -en ese corto período- el haber logrado instalar a Kast en La Moneda y la obtención de la bancada más grande en la Cámara, con 31 diputados, y cinco escaños en el Senado.
Pero tiene flancos no menores. De partida, su falta de experiencia de gobierno frente a sus socios de Renovación Nacional, la UDI y Evópoli, quienes estuvieron a la cabeza de los dos gobiernos de Sebastián Piñera; el haber llegado al poder con un discurso que corrió las cercas de la derecha -lo que todavía genera fricciones-; la administración de una bancada voluminosa, y la pérdida de estructura con la partida de sus filas de Kast -quien renunció a la militancia el mismo 11 de marzo-, junto a la migración de otras figuras a cargos gubernamentales.
“Hubo una suerte de vaciamiento inicial en el partido, que nos obligó a rearmarnos”, dice una fuente de la casona de Presidente Errázuriz.
“Hemos tenido naturalmente altos y bajos, como cualquier gobierno, pero hemos pillado rápido la hebra, apoyados por un partido y por parlamentarios que actúan en forma muy granítica, muy cohesionada”, dice el jefe de bancada, Benjamín Moreno.
Al interior de la tienda se admite que no fue fácil para algunos aceptar que el gobierno no iba a estar conformado en un 100% por republicanos; que han debido defender a La Moneda ante críticas que incluso compartían -como en el tema de seguridad, antes de la llegada de Martín Arrau-; que han tenido que bajar banderas, como las valóricas más sensibles, como el aborto y la eutanasia; que han debido morigerar las críticas frente a quienes fueron sus adversarios en la reciente presidencial y que ahora son sus socios, aunque la evaluación desde La Moneda es que “escaramuzas más o menos”, la relación ha sido bastante leal y armónica que en etapas pretéritas.
“Efectivamente, pasar de la oposición al oficialismo implica asumir un rol muy distinto, de mucha responsabilidad y desafíos más exigentes. Uno de ellos, sin duda, ha sido trabajar junto a partidos políticos con los que no necesariamente tenemos coincidencias en todo, pero que los hemos logrado abordar bien. Todos hemos sido capaces de dejar de lado aquello en donde tenemos mayores diferencias para concentrarnos en lo que nos une, contribuyendo a que al gobierno le vaya bien. En términos generales, me atrevería a decir que en los tres meses de este nuevo escenario estamos pasando bien la prueba”, afirma el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella.
Junto a lo anterior, la tienda ha marcado una línea de autonomía leal ante una administración de gobierno que le pertenece.
El curso lo fijó el propio Squella, al expresar su pública preocupación por la seguidilla de errores comunicacionales y de coordinación que venían impactando al gobierno y que habían tenido como última polémica la filtración de los oficios de la Dirección de Presupuestos que sugerían “descontinuar” algunos programas sociales.
“¿No vamos a hablar del problema en la habitación?”, preguntó en el comité político del 4 de mayo, al emplazar directamente al jefe del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval.
Testigos de ese frente a frente sostienen que la intervención de Squella -uno de los hombres de mayor confianza de Kast- fue clave para ordenar al gobierno, hecho que empoderó al jefe de gabinete, Claudio Alvarado -hoy biministro de Interior y de la Segegob-, y limitó el poder de influencia que tenía hasta ese minuto el Segundo Piso.
El otro acto de independencia -que incluso está impactando la megarreforma, el proyecto estrella de Kast- es el apoyo a la acusación constitucional en contra del exministro de Hacienda Nicolás Grau por inconsistencias en el Informe de Finanzas Públicas y una subestimación del déficit fiscal efectivo. Aunque las sospechas de la oposición apuntan a que la iniciativa cuenta con la venia de La Moneda.
El discolaje de RN
La mirada sobre RN ha sido una constante en este período. En el Partido Republicano y en la UDI es extendida la idea de que la colectividad que encabeza la senadora Andrea Balladares -si bien es leal con la administración Kast- es una de las más díscolas del oficialismo por su veta liberal.

Los cuestionamientos no han sido pocos. Junto a los formulados en su momento por Schalper, en el Ejecutivo no fue bien evaluado que la presidenta del Senado, Paulina Núñez (RN), cuestionara la determinación del gobierno de solicitar la renuncia de Priscilla Carrasco a la dirección del Servicio Nacional de la Mujer, pese a su cáncer. Tampoco que la senadora RN María José Gatica se convirtiera en una de las voces más críticas al desempeño de Sedini como ministra, quien finalmente terminó fuera del gabinete. A lo anterior suman a la vicepresidenta de la Cámara de Diputados, Ximena Ossandón, quien ha sido otra de las figuras que más observaciones han hecho sobre el rumbo de la actual administración.
Aunque el partido ha estado en el gobierno ya dos veces, en la tienda de Antonio Varas se reconoce que la experiencia no es comparable: el expresidente Piñera era militante de esas filas y, por tanto, compartían el mismo ADN. Hoy, en cambio, forman parte de un gobierno republicano, con el que tienen diferencias, las que expresan -según afirman- siempre en un marco de “mejora y lealtad”.
Hacen ver, por ejemplo, que la acusación constitucional en contra del exministro Nicolás Grau (Frente Amplio), apoyada por los republicanos, da cuenta de que ese partido aún no entiende los códigos de trabajar como oficialismo. No solo porque esa acción puede impactar la megarreforma, sino que también porque no les avisaron que presentarían el libelo, y por actuar, luego, en forma “matonesca” en sus intentos para que ellos también se sumaran.
“(Si Chile Vamos no se suma), tendrán que responder frente a su electorado”, dijo el diputado Agustín Romero a La Tercera, hace unas semanas, lo que provocó la inmediata reacción del gremialismo, a través de una declaración en la que afirmó que “los tiempos de los eslóganes sobre la ‘derechita cobarde’ se terminaron”.
Lo que en la UDI y el Partido Republicano consideran que es indisciplina, en RN lo ven como un valor. Creen que es sano para el sector hacer ver sus diferencias. Además, enfatizan que sus movimientos han sido en coordinación con el gobierno y que muchos de los puntos que han planteado han sido recogidos por el Ejecutivo. Sin ir más lejos, Sedini terminó saliendo del gabinete.
Prueba de eso es que la senadora Balladares avisó personalmente al ministro Quiroz que RN, en el marco de la votación de la megarreforma, no respaldaría la eliminación de la franquicia tributaria del Sence ni el artículo 8, sobre propiedad intelectual. Es más, cuando el partido fue criticado por sus pares por lo que consideraron un descuelgue, Schalper aseguró que la decisión de no visar esos temas fue abordada directamente con Kast.
En la práctica, RN se ha instalado como el principal contrapeso del Partido Republicano, colectividad ancla de la actual administración. Porque si bien en la Cámara cuentan con solo 13 escaños en comparación con los 31 de los republicanos, la colectividad hace valer su peso en el Senado, donde tienen ocho de 50 escaños, tres más que el partido de Squella.
Independientemente de los tiras y aflojas, en RN valoran el tono que ha mantenido el mandatario en torno a la unidad del sector, aunque reconocen que la conformación del gabinete generó desazón desde el minuto uno: solo un representante de sus filas, José García Ruminot, entró al equipo como ministro de la Secretaría General de la Presidencia.
UDI, el “más leal”
De las colectividades base del oficialismo, la UDI -partido del que salieron en 2016 una serie de figuras para seguir a Kast- es el que aparece más cómodo en la nueva administración. Tanto así que su presidente, el diputado Guillermo Ramírez, declaró en mayo que “yo me atrevería a decir que la UDI es el partido más leal al gobierno” y que “representa nuestras ideas, que son ideas de derecha, de libertad”.
Su postura apunta a que a este gobierno le tiene que ir bien, y que ese objetivo no se puede conseguir “si entre nosotros nos empezamos a tirar piedras y a criticar”.
“Nosotros trabajamos dos veces con el expresidente Piñera, sabemos lo relevante que es ser gobierno. Por lo tanto, el tránsito de ser oposición a ser oficialismo es algo que desde la UDI entendemos plenamente frente al nivel de responsabilidad que tenemos. Es evidente que hay otros partidos que no habían tenido ese tránsito”, afirma el exdiputado Juan Antonio Coloma, secretario general de la UDI.
Pero no todos comparten esa visión. Una línea que se va a despejar en las elecciones programadas para diciembre, aunque hay solicitudes de aplazamiento.
Esto, porque si bien Ramírez cuenta con importantes respaldos, han asomado distintas cartas para sucederlo, entre ellas, el histórico coronel gremialista Pablo Longueira; el presidente de la Cámara, Jorge Alessandri; el exdiputado Coloma y el alcalde de Providencia, Jaime Bellolio.
El único que podría darle un giro político al partido es Longueira, quien se ha convertido en un artillero en contra del gobierno de Kast.
En La Moneda evalúan como una fuente de conflicto permanente tenerlo sentado en el comité político, y como una suerte de cambio de las reglas del juego, porque, en definitiva, se habría partido con una UDI leal y se continuaría con una crítica.
Las otras voces
Uno de los sobrevivientes de la última contienda electoral fue Evópoli, partido fundado en 2012 y constituido en 2016, también con experiencia de gobierno. El haber obtenido solo dos diputados -Tomás Kast y Jorge Guzmán- los tuvo al borde de la disolución, hasta que el Tribunal Calificador de Elecciones (Tricel) falló a su favor el 24 de abril pasado.
Representan a la derecha liberal y, desde ahí, tuvieron durante la campaña fuertes diferencias con Kast y con los republicanos, una relación que -dicen- se ha ido aceitando tras tener un inicio complejo.
Confidencian que cuando Kast aún preparaba su equipo y comenzaron a filtrarse nombres en los medios de comunicación, se dieron cuenta de que no figuraba ninguno de sus filas. Lo mismo ocurría con Demócratas. El senador Luciano Cruz-Coke se puso de acuerdo con la presidenta de ese partido, Ximena Rincón, y le pidieron una reunión al entonces presidente electo. Ambos llegaron a su oficina en calle Rapallo.
“¿Estamos o no estamos considerados?”, le preguntaron. Kast les respondió que los tenía considerados para otros cargos, pero ellos plantearon que sus partidos debían estar en el gabinete.
Kast accedió, pero con una condición: que la otrora senadora por el Maule asumiera como secretaria de Estado. Cuarenta y ocho horas después, ella dijo que sí y hoy se desempeña como titular de Energía.
Además, Kast le dio carta blanca al actual presidente de Evópoli para proponer nombres, y sugirió al entonces diputado Francisco Undurraga, quien asumió como ministro de las Culturas el 11 de marzo.
En Evópoli coinciden con RN y también con algunos sectores de la UDI en que al Partido Republicano se le ha hecho difícil abandonar la lógica confrontacional dentro del sector, lo que los caracterizó durante la campaña. En el partido ejemplifican eso con la “funa” que hizo en X el diputado Cristián Araya, cuando Guzmán decidió no dar su voto para concluir el debate en torno al proyecto Escuelas Protegidas.
“A la oposición obstruccionista se le sumaron dos RN y un Evópoli”, publicó el diputado republicano en la cuenta de su red social.
El propio Cruz-Coke, ante estos choques, ha salido a valorar el rol de Chile Vamos en la administración de Kast, diciendo que “la ‘derechita cobarde’ es el sostén del gobierno”.
La evaluación transversal es que las fricciones cruzadas constatan que a tres meses de gobierno el engranaje de los partidos oficialistas -por su paso de ser oposición a ser gobierno- todavía tiene ripios.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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