Por Jorge Heine¿Una cumbre en Beijing que marca un hito?
La tan esperada cumbre diplomática en Beijing entre los presidentes Trump y Xi no se tradujo en un gran acuerdo sobre los numerosos temas en la agenda bilateral entre ambas superpotencias, ni tampoco en acuerdos sectoriales significativos.
De los pocos acuerdos concretos anunciados por EE.UU. fue el de un compromiso chino de comprar 200 aviones de pasajeros a Boeing, lo que fue recibido por una caída en las acciones de la empresa. El mercado esperaba una cifra superior —entre 300 y 500. Hay también anuncios de compras por US$ 10 mil millones en productos agrícolas estadounidenses, y de autorización a varios mataderos de los EE.UU. para reanudar las ventas de carne de vacuno a China, lo que está por verse.
Si bien esto puede parecer un resultado algo pobre para este encuentro, y de la primera visita de un Presidente estadounidense al antiguo Imperio del Centro en casi una década, el mismo requiere una lectura más fina. Compras más, compras menos, en lo cual aún hay mucha tela que cortar, desde el punto de vista de la pugna entre EE. UU. y China, la cumbre se destacó por dos cosas.
Por una parte, el Presidente Trump cambio el enfoque beligerante hacia China tan propio de su primer periodo en la Casa Blanca y en 2025. Tanto sus discursos en Beijing y sus entrevistas, como el que haya invitado a su delegación a 17 de los principales CEO de su país, reflejaron una actitud distinta. El mensaje que trasmitió Trump en los dos días de su visita, tanto en el Gran Palacio del Pueblo, como en su paseo con Xi por el Templo del Cielo y en Zhongnanhai, el exclusivo e idílico complejo donde viven y trabajan los jerarcas del gobierno y del partido, fue su deseo de dejar de tocar los tambores de la guerra y empezar a hacer negocios con China.
Y si bien estos negocios están aún en barbecho, cabe recordar que esta puede muy bien haber sido solo la primera de cuatro reuniones bilaterales entre Trump y Xi en este año, dando pábulo para seguir avanzando en ello. Xi fue invitado a visitar Washington en septiembre próximo, y hay una buena posibilidad de que se reúnan también en la cumbre de APEC en Shenzhen en noviembre, y en la del G20 en Miami en diciembre.
A su vez, Xi propuso lo que denominó una “estabilidad estratégica constructiva” entre ambas potencias. Ello bajaría el diapasón de las tensiones entre Washington y Beijing, y conllevaría una pausa en la desenfrenada pugna de los últimos años, sin por ello eliminar del todo la competencia entre ambas. Dadas las numerosas crisis internas y externas que enfrenta Trump (cuya aprobación en las encuestas bordea 36%), y los desafíos económicos de China (incluyendo el estallido de la burbuja inmobiliaria y su declinar demográfico) ello pareciera constituir una buena alternativa.
Lo que está por verse es si logrará prevalecer por sobre las “cabezas calientes” que les gustaría seguir azuzando el conflicto entre las dos mayores potencias del planeta.
Por Jorge Heine, investigador no residente en el Quincy Institute
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