Opinión

Duda y convicción

La duda es el lugar donde se inicia el camino de búsqueda de la evidencia para alcanzar la convicción. Una convicción que se tiene sin pasar por la duda y la evidencia conlleva un vacío que llevará probablemente al error.

La filosofía tiene como base la duda al reconocer la ignorancia como punto de partida, y la duda ha sido, a su vez, tema de la filosofía desde San Agustín a Descartes (perdonen los eruditos a esta abogada la omisión de otros genios). El reconocimiento de la ignorancia es la primera y principal sabiduría no solo de la filosofía, sino de todo quehacer intelectual.

En este proceso, cuando al fin se llega a la convicción gracias a la evidencia que se busca desde la duda, el camino no ha terminado porque la convicción nunca será irrefutable. Otros en ese mismo ejercicio pueden haber encontrado fundamentos, elaborado análisis y llegado a conclusiones diferentes. Y es en esa divergencia donde nace el diálogo necesario para los acuerdos; espacio en el cual debieran ganar quienes saben del arte de la persuasión.

Así, de la duda nace la evidencia; de la evidencia nace la convicción; y de la convicción nace la persuasión.

Reflexiono esto al pensar en las políticas públicas por las cuales nuestros legisladores —Congreso y Ejecutivo— determinan la vida de miles de personas y cómo, cuando no se ha querido asumir a tiempo la evidencia de quienes se dedican rigurosamente a levantarla, se ha llegado tarde, o peor aún, no se ha llegado.

¿Por qué no fuimos capaces de persuadir a tiempo con la evidencia de sala cuna? ¿Cuántas mujeres estarían ahora con empleo, cuántas familias no estarían ahogadas en la angustia de la cesantía, y cuántos niños no hubiesen nacido en la pobreza? ¿Cuántas madres han caído en el microtráfico de drogas por falta de oportunidades de trabajo y terminarán en la cárcel siendo sus hijas o hijos pequeños?

A pesar de haber demostrado que aprobar este proyecto crearía entre 15 mil a 150 mil empleos y que el PIB podría aumentar entre 0,1% a 0,8%, aportando al tan anhelado crecimiento económico, ¿qué hicimos mal? ¿O es que cuando de política se trata, la convicción sustentada en evidencia da igual?

Ante estas dudas, recurro a la esperanza que me volvió al alma el lunes en Valparaíso en la Cuenta Pública de un acto republicano impecable al cantar de pie en el Congreso el Himno Nacional; al escuchar el compromiso del Presidente José Antonio Kast de aprobar sala cuna; y al leer la precisión posterior del ministro del Trabajo, Tomás Rau, de tramitarla con la urgencia que el desempleo femenino amerita.

Pero especialmente recuperé la esperanza por las mujeres de organizaciones sociales, de gremios y de partidos políticos de diferentes sectores movilizadas por sala cuna. Pacíficamente, como ha sido nuestra histórica costumbre.

Esta vez, hay mucho más que duda, evidencia y convicción.

*La autora de la columna es presidenta ejecutiva de ChileMujeres

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