Paula

Cuidar la piel en invierno

Aunque el sol ya no sea protagonista, el invierno también puede afectar la salud de la piel. Por eso, esta temporada es clave para reforzar los cuidados faciales y, además, aprovechar las condiciones ideales para realizar tratamientos no invasivos.

Con la llegada del frío, muchas personas relajan su rutina de cuidado facial pensando que el sol ya no representa un riesgo. Pero el invierno también puede afectar seriamente la piel. Las bajas temperaturas, el viento y los cambios bruscos entre el exterior y los espacios calefaccionados pueden provocar resequedad, irritación y una apariencia más opaca.

“Contrario a lo que se suele pensar, en invierno estamos más expuestos a factores que pueden dañar la piel. El frío, el viento, la baja humedad y los cambios bruscos de temperatura entre el exterior y los ambientes calefaccionados son muy perjudiciales”, explica Isabel Oporto, directora de Clínica Ginestética y especialista en tratamientos faciales no invasivos.

Según la especialista, durante esta época es fundamental mantener la hidratación, usar protector solar todos los días aunque no haya sol visible, evitar el agua muy caliente y preferir productos suaves para limpiar el rostro. La dermatóloga Claudia Moreno explica que “una de las formas de protegernos frente al frío, al viento y a los factores ambientales es utilizar productos suaves, y siempre después de limpiar aplicar algún producto hidratante como una crema o un bálsamo para la piel”.

Así mismo, el protector solar es un infaltable independiente de la época. La dermatóloga señala que “pese a que es invierno, la radiación sigue estando presente, sobre todo en actividades al aire libre como en la nieve, el esquí o la playa”. Además advierte: “En pieles con rosácea o con tendencia atópica, los cambios bruscos de temperatura pueden generar botes. Para eso es preferible utilizar ropa de algodón en vez de políester”.

Menor exposición solar

Según las expertas estamos en un buen momento para realizar tratamientos no invasivos, como por ejemplo, los faciales con láser. “El invierno es ideal para este tipo de procedimientos ya que tenemos una menor exposición solar, entonces los cuidados post sesión son más simples y disminuye el riesgo de tener efectos adversos”, señala Isabel Oporto.

Entre los tratamientos más recomendados están aquellos orientados a estimular la producción de colágeno, mejorar la elasticidad y devolver luminosidad a la piel. También existen alternativas para tratar manchas, melasma y rosácea mediante tecnologías láser y luz pulsada.

En el caso de la rosácea, por ejemplo, el láser puede ayudar a disminuir la dilatación de los vasos sanguíneos y mejorar la textura de la piel. Mientras que para las manchas, los tratamientos apuntan a unificar el tono y devolver un aspecto más homogéneo al rostro.

Eso sí, no es que no se requiera de cuidados. “Después de un tratamiento con láser la piel queda más sensible y es clave usar protector solar de manera estricta, no manipular la piel tratada y seguir todas las indicaciones del especialista”, advierte Oporto.

Los resultados dependerán del tipo de tratamiento y de cada persona, pero generalmente se requieren entre tres y seis sesiones para lograr cambios visibles y sostenidos.

En resumen, el invierno lejos de ser una temporada para descuidar la piel, puede transformarse en la oportunidad perfecta para recuperarla, iluminarla y prepararla para los meses de mayor exposición solar.

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