Opinión

¿Cómo entender la Cámara de Diputados después de la AC?

Foto: Dedvi Missene. Dedvi Missene

Lo más interesante del episodio “acusación constitucional” es la forma cómo se ordenó y cómo está operando nuestro sistema político y de partidos.

Esto se manifestó en la Cámara de Diputados. La Cámara es el lugar de representación popular y donde se refleja en mayor medida la diversidad política y social. Tal asunto se debe entender en un sistema presidencial en el cual el Presidente no tiene mayoría y debe buscarla de alguna manera, forjando alianzas formales e informales, muchas veces por medio de transacciones concretas.

¿Cómo entender la Cámara de Diputados? La Cámara funciona con base a dos ejes en disputa: el tradicional eje izquierda-derecha y el nuevo eje -post estallido- de pueblo-elite. Esto es una disputa entre dos tipos de élites y sobre su hegemonía en el espacio político.

El primero es el que la mayoría de los antiguos votantes logramos comprender. Vigente desde el origen de nuestro sistema de partidos -en especial desde 1990-, se despliega con base a posiciones ideológicas en la triada persona-mercado-Estado. Este eje se visualiza con mayor precisión en el Senado, y en la Cámara se ubica en los partidos tradicionales (por ejemplo, el PS, la DC o RN) más el Frente Amplio (hoy).

Junto al anterior concurre el eje pueblo-elite. La idea de pueblo no se instituye en la lógica de clase trabajadora, sino que es pueblo en el sentido de oposición al núcleo político dominante. A esta élite sus partidarios la denominan “casta”. Ahora bien, esta idea de pueblo no es de izquierda o de derecha (o no solamente), sino que converge en la impugnación de tales grupos que consideran privilegiados.

En este segundo eje aterriza el PDG, Nacional Libertarios y, hasta ahora, parte de Republicanos. Los 3 partidos aparecieron con fuerza post estallido y confrontando a los partidos tradicionales y a las nuevas fuerzas de izquierda. Su antecesor en la estrategia fue el mundo del Frente Amplio, su idea de democracia radical y su ataque a los 30 años, aunque luego de cuatro años de Gobierno, se institucionalizó.

El primer eje se sitúa en una lógica de pugna política (izquierda/derecha), valórica (liberales/conservadores), pero también en la racionalidad de un orden institucional consensual. Para que exista la política debe existir un espacio institucional que la habilite y permita, siendo la política democrática la articulación de posiciones en pro de acuerdos mayoritarios.

El segundo eje tiene otro significado. Impugna a la política tradicional por su vocación de consenso, de arreglos y su supuesta desconexión con el día a día de las personas. La política se desarrolla desde los micro problemas (en eso se encuentran con la Ley Miscelánea del Ministro Quiroz) y lo que busca es «provocar mayorías» o ser «minorías simbólicas» por medio de posiciones dicotómicas. Lo valórico no es el centro de gravedad, en el entendido que una mayor fuerza en la refutación implica el reconocimiento de la pluralidad valórica de la sociedad. Pretende la desaparición o reemplazo de la élite tradicional y no duda en hacer crujir la institucionalidad para el logro de tales fines.

Observando lo anterior se puede comprender mejor la acusación constitucional en la Cámara de Diputados. No se trató sólo de una disputa intra-derechas como se trata de mostrar, sino que versó sobre qué eje primará en la política chilena en estos 4 años. En la Cámara el round lo ganó el segundo eje, pero por menos de lo esperado, situación que dejó abierta la disputa hasta la próxima batalla.

Por Tomás Jordán, abogado.

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