Por Gonzalo RestiniA meter segunda

Some guys they just give up living, and start dying little by little, piece by piece. Some guys come home from work and wash up, and go racing in the street. Bruce Springsteen, Racing in the Street, 1978
Las crisis en Chile siempre estaban determinadas por factores externos. El mundo nos zamarreaba y nos trataba de hundir. Pero terminábamos saliendo adelante. Fortalecidos incluso. Con aprendizajes. Así fue el 82 con la Recesión (muy agravada por la fragilidad del tipo de cambio fijo), el 94 con el Tequilazo, el 97 con la Crisis asiática, el 2001 con el reventón de las Punto Com y el 2008 con la Crisis subprime. Nunca antes en la historia reciente tuvimos una crisis autoinfligida como la que hemos vivido, en que, gracias al veneno administrado en pequeñas dosis desde 2014, nos fuimos asfixiando. Muriendo de a poco, pieza por pieza, como dice Springsteen. Los responsables tienen nombre y apellido. Por eso la salida ha sido tan difícil y tan tironeada.
Por esa razón, justamente, es que el logro del Ministro Quiroz es tan grande. Pudo meter 1ª y salir de una inercia que nos conducía a ninguna parte. Un volantazo potente, integral, que nos ha puesto de vuelta en la carretera correcta. Fue un triunfo completo y fulminante. Flanqueado por los ministros Alvarado y García Ruminot, avanzó como un rompehielos. Un hombre en una misión. Con un plan escrito años antes, probablemente en soledad, casi monacalmente. No es perfecto, pero nada lo es. Ciertamente, corre el riesgo de aumentar el déficit. Pero es muy distinto endeudarse para crecer que para gastar sin frenos. Es, sin duda, el paquete económico más importante desde que Hernán Büchi ocupara el Ministerio de Hacienda. Se ha logrado lo que muchos consideraban una misión imposible.
Ahora el gobierno enganchó y se fue rápidamente a la Agenda de Seguridad. Otra misión difícil, pero tampoco imposible, sobre todo si se le da un papel preponderante a la tecnología. Chile solía ser un país seguro. Es clave recuperar esa condición, que solo se aprecia de verdad cuando se pierde, como ocurrió a contar del Estallido. Es una agenda de mayoría, además, a la que resulta difícil oponerse. Una condición necesaria, aunque no suficiente, para la recuperación. Luego vendrían una reforma al Estatuto Administrativo, que urge para dinamizar al Estado, y una reforma al Mercado de Capitales. Acelerador a fondo.
Meter 2ª… Los que han manejado un auto mecánico saben de lo que hablo: no hay mejor marcha que esa. Si uno va acelerando, es el paso del envión inicial de la 1ª al impulso largo que nos dispara a la velocidad. Y si se necesita más tracción, se engancha en 2ª para volver a sentirse pegado al mundo, lleno de energía para enfrentar una subida o una curva.
Llegó entonces el momento de meter 2ª. Y ese momento le corresponde al sector privado. Transformar estas reformas, potenciadas por el momento estelar del cobre, en impulso, crecimiento y nuevos empleos. Para que, ojalá, tengamos una primavera en que las cosas empiecen a florecer. En que los espíritus animales retornen. En que nos acordemos de lo que solíamos ser. Recuerdo una conversación con un empresario que me comentaba: “En la época de mi papá no había mejor rentabilidad en el mundo que reinvertir todo en la empresa”. Los más grandes ya casi hemos olvidado esas sensaciones, por la bruma del pesimismo y el abajismo sin cuartel de algunos, que terminaron empañando nuestros extraordinarios logros. Los más jóvenes ni siquiera tienen nociones de ello. Es como si les hablaran de Lucho Ayala o del Mundial del 62. Nunca vivieron lo que yo llamo, medio en broma medio en serio, “La Patria Vieja”. Necesitamos que esas imágenes retornen. Que nos sorprendamos de los nuevos túneles y carreteras. Que los proyectos de inversión mineros corten cintas (ya no se hace eso, me parece). Que los edificios pongan su primera piedra entre aplausos y fotos. Que se alcen las plumas sobre la ciudad y los pisos comiencen a levantarse sobre el horizonte. Que las empresas vuelvan a salir a la bolsa —¡la última fue Cencosud Shopping, en 2019!—. Que volvamos a creer que el futuro está lleno de promesas y que el desarrollo es el estado normal de las cosas. Que uno mire a sus hijos con la convicción de que los años que vienen serán mejores y que es una suerte haber nacido en este país.
Para que esto ocurra, los empresarios deben volver a creer. Los extranjeros deben volver a invertir y los ejecutivos deben volver a concluir que vale la pena hacer cosas desde acá. Si esto ocurre, se crearán nuevos y mejores trabajos. Y las familias progresarán. No se ha inventado otra ruta para el desarrollo.
Si las condiciones están, ocurrirá. Siempre existirán los riesgos externos, esos mencionados al comienzo. Lo que uno no controla. Debemos evitar, eso sí, el autosabotaje. Los políticos tienen que administrarse mínimamente. Que no pongan barricadas. Si existe, por ejemplo, una aspiración razonable de que Chile se transforme en la capital financiera de Sudamérica, impulsar el fin del anatocismo es llenar de aceite la carretera en plena curva. Simplemente no se sobrevive a eso.
Pasarán los fríos, llegará la primavera. Y nosotros, que somos fuertes, aguerridos, luchadores, elegiremos volver a pararnos, volver a creer. A acelerar por las calles para buscar y, ojalá, encontrar un futuro mejor.
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