John Lee Hancock
04 ABRIL
El mejor arte es, al final, incoherente. Tanto así que uno termina fascinado y casi seducido por sus protagonistas dementes y sádicos, pero sin duda inteligentes. Es lo que se llama el síndrome Hannibal Lecter. Uno lo teme al antihéroe, pero a la vez desea que triunfe. El mal como adicción, como diversión; el malo como héroe.
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