Diagnósticos del exministro Marcel
Sorprende que el exministro no asuma ninguna responsabilidad en el sostenido debilitamiento que ha experimentado la economía chilena, en circunstancias que una serie de medidas adoptadas en el gobierno anterior deprimieron las expectativas.

Luego de que la economía enterara cinco meses consecutivos en terreno negativo, se ha reactivado con fuerza el debate sobre las causas que han llevado a este preocupante cuadro. Inevitablemente las miradas se han puesto sobre el gobierno anterior, pues es un hecho que la economía viene experimentado desde hace años un sostenido debilitamiento. Durante la administración del Presidente Gabriel Boric la economía creció como promedio 1,9%, apenas superando el 1,8% que registró el segundo gobierno de la Presidenta Bachelet, que sigue figurando con el peor registro desde 1990.
Frente a este cuadro, el exministro Mario Marcel -quien durante la mayor parte de la administración pasada ejerció como titular de Hacienda- sorprendió con su análisis, pues en el caso del primer trimestre indicó que los factores más incidentes fueron bajas en sectores productivos como agricultura, minería y pesca; sin embargo, también apuntó a la decisión del gobierno de traspasar a los consumidores el alza internacional del precio de los combustibles a fines de marzo, lo que a su juicio produjo un severo deterioro de las expectativas sobre todo a partir de abril.
No cabe duda de que el shock de los combustibles tuvo importantes repercusiones en las familias y en las empresas, pero resulta oportunista que el exministro pretenda eludir su propia responsabilidad en el sostenido retroceso de la economía, intentando circunscribirlo a un menor dinamismo sectorial o a medidas adoptadas durante el actual gobierno, en circunstancias que resulta evidente que las expectativas ya se habían deteriorado en la administración anterior.
Aunque las razones que puedan explicar el menor crecimiento de la economía chilena son variadas, cabe recordar que Marcel comenzó su período impulsando una reforma tributaria, y aunque esta no logró ser aprobada, fue un claro indicio de que el mayor interés no estaba en fomentar el crecimiento, sino en recaudar y expandir el gasto público. Pese a que era evidente la necesidad de reactivar la economía, esto recién apareció a fines de 2023, con la creación del “gabinete pro crecimiento”, pero la aguja apenas se movió. A ello se suma una serie de reformas que abultaron los costos laborales, lo que incidió en que el desempleo se anclara en tasas superiores al 8%.
Por ello sorprendió que a pesar de lascifras adversas Marcel comenzara a hablar de una suerte de punto de inflexión -incluso a fines de 2025 se ufanaba de que la economía crecería en torno a 3% este año-, diagnóstico que claramente resultó voluntarista. Incluso el propio exministro de Hacienda Andrés Velasco recientemente puso en duda de que exista evidencia suficiente que permita afirmar que Chile puede acercarse a un crecimiento del 3%.
No hay autocrítica de Marcel por el menor crecimiento, como tampoco por el sostenido incumplimiento de las metas fiscales. Entre 2023 y 2025 el Ejecutivo incumplió sistemáticamente sus metas autoimpuestas de balance estructural, acumulando déficits mayores a los anunciados, mermando además los ahorros de los fondos soberanos. En vez de asumir que las proyecciones estaban equivocadas y que el gasto fiscal iba por una senda insostenible, el gobierno una y otra vez se excusó en que los ingresos fueron menores a lo proyectado. Es decir, se repite nuevamente el patrón: la culpa por no cumplir las metas se debe a factores exógenos, sin asumir los errores propios.
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