Opinión

Volver al futuro

El representante adjunto de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), Jeffrey Goettman, se reunió con la subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Paula Estévez.

A diferencia de décadas pasadas, hoy la política exterior de Chile en general y su arista comercial en particular están en el centro del debate público. Las razones que lo explican son diversas, destacando negociaciones en curso para alcanzar acuerdos de distinta naturaleza, eventual participación en instancias de vinculación estratégica y ciertos mecanismos legales relacionados con inversiones, exportaciones y otros ámbitos.

En este contexto de desafíos constantes y diversos, que en ocasiones se desarrollan de forma vertiginosa, vale la pena detenerse en ciertos elementos propios de nuestra relación con el mundo que las experiencias nacional y comparada recomiendan tener en cuenta.

La apertura e inserción global de Chile es un activo que debemos seguir profundizando, pero también cuidar. Compromisos y/o políticas públicas mal diseñadas pueden tener coletazos indeseados para ese activo –inédito en el mundo, con una red de más de 30 acuerdos comerciales que abarcan cerca del 88% del PIB global–, que es un motor fundamental de nuestra economía, considerando sus características y tamaño.

Dicho cuidado supone, por un lado, no desatender el cumplimiento de las obligaciones contraídas en instrumentos internacionales suscritos por el Estado chileno y que se encuentren vigentes, y por el otro, otorgar un trato similar y no discriminatorio a nuestros socios comerciales. Esto tiene particular pertinencia dada la coyuntura global y la posición de Chile, cuyos recursos estratégicos (minerales críticos, energía renovable, costa amplia, cielos abiertos, Antártica y un largo etcétera) son de interés de diversos países. Nuestra tradición jurídica internacional les ofrece reglas claras, acordes con el mercado y a la libre competencia.

Esto último otorga de paso certeza y predictibilidad para las economías e inversionistas que buscan estrechar los vínculos con nuestro país. En otras palabras, es una garantía de que Chile es una jurisdicción seria para hacer negocios y para intercambiar bienes y servicios. Por lo mismo, cualquier negociación o diseño institucional debe resguardar esa realidad y obviamente –aunque sea de perogrullo decirlo– no perjudicarla.

Considerar estos y otros elementos permitirá a Chile continuar siendo un país atractivo y confiable para sus socios, con quienes hay que mantener siempre agendas sustanciales activas y relacionarse equilibradamente.

Es complicado dilucidar hacia dónde nos dirigimos y cómo se estructuran las bases sobre las que se vincularán los Estados durante las próximas décadas. Pero para un país como Chile sabemos que los desafíos –y también las oportunidades– irán in crescendo.

En la famosa película “Volver al futuro” el protagonista espera el rayo de las 10:04 para cambiar el curso de la historia. Sabe que lo que ocurra en esos segundos definirá lo que viene. En nuestro caso, toca entonces evaluar cuidadosamente los pasos del presente que marcarán nuestro futuro, pues difícilmente tendremos acceso a un DeLorean que viaje en el tiempo.

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