Por Rolf Lüders¿Reforma pro ricos?

El Proyecto de Reconstrucción Nacional -ya aprobado en lo medular- tiene como uno de sus principales objetivos aumentar la inversión, la tasa de crecimiento económico, y la tasa de empleo del país. La oposición al actual gobierno, que votó en bloque en contra de este, lo hizo argumentando que, entre otras cosas, sólo favorecerá a los ricos. Los que eso opinan están profundamente equivocados.
Los países producen bienes y servicios para consumirlos y para invertir. Los bienes de consumo, que pueden ser de los más variados tipos, incluyendo techo, alimentos, vestimenta, esparcimiento, cultura, etc., nos permiten sobrevivir y aumentar nuestro bienestar. Los bienes de inversión nos permiten producir más bienes de consumo, pero no tienen un efecto directo sobre el nivel de bienestar. Sin embargo, todo lo demás igual, mientras mayor sea el nivel de la inversión hoy, mayor podrá ser el nivel del consumo mañana y por ende también será mayor el bienestar de la ciudadanía toda.
Pues bien, el sistema tributario vigente incentiva el consumo y desincentiva el ahorro y la inversión, lo que es una aberración para un país todavía en desarrollo como Chile. Lo hace, porque es un sistema en que, para todo ingreso tributable dado, el consumo hoy genera mayor bienestar que el producido mañana, si es que se ahorra y reinvierte. La legislación tributaria recién aprobada representa una corrección importante de esta distorsión.
Si bien es cierto que en el corto plazo se tenderá a reducir el pago de impuestos de los inversionistas, en el mediano y largo plazo eso no es así, porque, al retirar utilidades, estos últimos tendrán que pagar impuestos sobre las utilidades generadas y reinvertidas, aumentadas en los ingresos que han generado esas mismas reinversiones. Por la progresividad del impuesto global complementario y a partir de un ingreso de unas 6.600 UF anuales, eso significa una tasa marginal de impuesto sobre la renta de hasta un 40 por ciento. ¿Es eso favorecer a los ricos?
En resumen, la reforma tributaria recién aprobada reduce los desincentivos al ahorro y a la inversión implícitos en la actual imposición sobre el ingreso y se traducirá en mayores tasas de inversión y empleo. En la medida en que los inversionistas no consuman sus ingresos y así aporten a la sociedad mediante mayores niveles de ahorro e inversión, se les reduce la carga tributaria. No obstante, tan pronto retiren sus utilidades (retenidas) estarán afectos a las tasas fuertemente progresivas del impuesto global complementario. Capítulo aparte es el efecto que la reforma va a tener sobre los ingresos fiscales, que incluso podrían aumentar a mediano y largo plazo. Para los interesados en ese último tema, recomiendo leer los trabajos de Arthur Laffer, economista que estuvo de visita esta semana en Chile.
Por Rolf Lüders, economista
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