Opinión

¿Quiénes son los responsables de educar?

La habilidad que puede proteger a niños y adolescentes de los peligros de las redes sociales, según una especialista. Foto: referencial.

Hay aprendizajes que ninguna sala de clases puede enseñar por sí sola. Aprender a respetar y valorar a los demás, a hacerse responsable de los propios actos, a convivir con otros, a perder el miedo a equivocarse y perseverar, a escuchar antes de responder y respetar las opiniones de los demás. Estos aprendizajes son una tarea compartida de la sociedad en su conjunto, pero que comienza en el hogar. El rol formador de los padres y adultos responsables no puede delegarse.

Ninguna institución puede reemplazar al hogar como primer y principal espacio donde se construyen valores, criterios y formas de relacionarse con los demás. Porque formar también es acompañar, poner límites, conversar, dar el ejemplo y ayudar a construir las herramientas para desenvolverse en un mundo cada vez más desafiante. Sin embargo, el cumplimiento de este rol al interior de los hogares no es suficiente para formar a una generación.

Bajo el influyo persistente de las redes sociales y de las nuevas tecnologías (IA), la formación de niños y jóvenes suele repartirse entre la familia y las instituciones de educación. Ambos cumplen un rol fundamental e insustituible, pero el resto de la sociedad también debe apoyar y asumir su propia responsabilidad. Esto involucra a vecinos, instituciones políticas, religiosas y de la sociedad civil, así como a empresas, deportistas, medios de comunicación y artistas, por mencionar solo algunos. Cada uno de ellos forman parte de la estructura de la sociedad y, por lo tanto, de su educación.

Hoy estamos frente a un riesgo adicional: se puede acceder a prácticamente cualquier información desde un teléfono. Y considerando que la edad promedio para tener un celular en Chile es antes de los 10 años según Unicef, el desafío es enseñarles a las nuevas generaciones a distinguir, cuestionar y decidir qué hacer con ella. La sociedad no puede delegar en un algoritmo la enseñanza de lo correcto, ni esperar que una red social entregue criterios, o que los docentes resuelvan por sí solos la convivencia, la frustración, el uso responsable de la tecnología o la construcción de valores.

Esto también interpela a las instituciones de educación superior. Tenemos que asumir que, en una sociedad atravesada por la inteligencia artificial, la transformación tecnológica y cambios profundos en el mundo del trabajo, necesitaremos personas capaces de aprender durante toda la vida, trabajar con otros, adaptarse, crear y tomar decisiones responsables. Pero esas capacidades se construyen sobre una base que comienza mucho antes y que ve influida por los diversos contextos de la vida en sociedad.

Las familias no pueden reemplazar a las instituciones de educación. Y estas no pueden suplir a los hogares. Nadie puede competir con las redes sociales en cantidad de horas de exposición de nuestros jóvenes, que por lo demás según la OCDE son 45 horas a la semana. Precisamente por eso necesitamos que cada espacio asuma su responsabilidad y, sobre todo, que exista coherencia entre ellos.

El camino comienza siempre en la casa. Pero educar es una tarea compartida que involucra a todos los estamentos de la sociedad.

Por Lucas Palacios Covarrubias, rector de Inacap

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