Por Martín AndradeLluvias que desbordan la ciudad

Pronósticos meteorológicos certeros y un intenso despliegue en terreno fueron parte de un sistema frontal que nos confirmó de manera dramática el profundo impacto del cambio climático: fuertes episodios de lluvias en cortos periodos de tiempo.
Es nuestra nueva realidad urbana.
Tradicionalmente entendemos el riesgo de inundación como el resultado de una tormenta extraordinaria. Sin embargo, la lluvia es apenas la amenaza. Lo que determina el desastre es su interacción con un territorio cuya configuración física amplifica sus efectos. Es decir, las ciudades también producen inundaciones por las definiciones en la gestión y planificación territorial.
Durante décadas la ciudad remplazó su entorno natural por infraestructura gris. Se canalizaron quebradas, se pavimentaron extensas superficies, se redujo la vegetación y se densificaron sectores sin incorporar mecanismos equivalentes para infiltrar el agua. El resultado es un enorme sistema impermeable donde cada metro cuadrado acelera el escurrimiento superficial y sobrecarga una red de drenaje diseñada bajo condiciones climáticas muy distintas a las actuales.
Un reciente estudio de Corporación Ciudades arrojó que siete de cada 10 habitantes del Gran Santiago viven en zonas con susceptibilidad a inundaciones superior al promedio de la ciudad, con una distribución del riesgo que agudiza inequidades al concentrarse en las comunas de los sectores sur y poniente. No se trata solo de algunos puntos críticos, sino que de una característica más estructural del sistema urbano.
Ninguna red de drenaje puede absorber precipitaciones cada vez más intensas. La respuesta pasa también por desacelerar el agua antes de que llegue al colector. El concepto de “ciudad esponja” está dejando de ser una aspiración ambiental para convertirse en infraestructura crítica. Jardines de lluvia, pavimentos permeables, humedales urbanos, parques inundables y corredores verdes no son solo elementos paisajísticos, también funcionan como sistemas de almacenamiento temporal que reducen los caudales punta, aumentan la infiltración y restauran parcialmente el ciclo hidrológico alterado por la urbanización.
Urge devolverle su espacio al agua de acuerdo con la propia geografía y nuestra nueva realidad climática.
Por Martín Andrade, director ejecutivo de Corporación Ciudades.
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