Por Dave CullenLas lecciones de Columbine

¿Cómo cambió Columbine a Estados Unidos? En los años posteriores a la tragedia, los estadounidenses temían crímenes similares, que los niños perpetraran ataques mortales en las escuelas.
La primera lección es una que hemos olvidado: que en realidad no existe un perfil psicológico definido del asesino escolar. Antes de Columbine, profesores, padres, periodistas y el público en general tenían bastante claro dónde creíamos que radicaba el peligro: solitarios y marginados, inadaptados problemáticos que no sabían cómo encajar. Harris y Klebold fueron etiquetados erróneamente con todas esas características en las primeras horas después de su ataque. Todas las caracterizaciones que se les hicieron fueron erróneas. El FBI llevó a cabo un estudio pionero para ayudar a los profesores a evaluar las amenazas en sus aulas. Los bichos raros no eran el problema, concluyó el FBI. Los bichos raros no encajaban en el perfil, porque no existía tal perfil. En un informe sorprendentemente empático, la agencia instó a los administradores escolares a dejar de centrarse en los inadaptados. Estos no eran nuestros asesinos.
Esto nos lleva a la segunda lección, y quizás la más importante, de Columbine: lo que el FBI denomina “filtración”. Los disparos en el aula son la fase final de un ataque que se ha gestado durante mucho tiempo. El Servicio Secreto descubrió que el 81 % de los tiradores habían revelado explícitamente sus intenciones. La mayoría se lo contó a dos personas. Algunos, a más. Los niños no son buenos guardando secretos. Cuanto más ambicioso sea el plan, mayor será la probabilidad de que se filtren detalles.
La tercera lección clave: necesitamos preparar mejor a estudiantes y profesores para una emergencia.
La última lección es una revolución en las tácticas de respuesta policial. En Columbine, los policías siguieron el método tradicional: rodear el edificio, establecer un perímetro y contener los daños. Este enfoque ha sido reemplazado por el protocolo para tiradores activos. Idealmente, este protocolo requiere que un equipo de cuatro personas avance en formación de diamante. Están entrenados para avanzar hacia el sonido de los disparos y neutralizar al tirador. Su objetivo es detenerlo a toda costa.
Por Dave Cullen, periodista estadounidense y autor de “Columbine”, ahora en español.
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