Por Ricardo GonzálezLa trenza pone a prueba a Kast

Antes de la primera vuelta presidencial sostuve en estas páginas que esa elección se definiría por la capacidad de las candidaturas para ofrecer una respuesta creíble a una trenza de percepciones compuesta por seguridad, economía y migración. Mi argumento era que, para el electorado más distante de la política, menos ideologizado y obligado a votar, estos no eran tres problemas separados, sino expresiones de una misma sensación de incertidumbre. La elección confirmó, al menos en parte, esa intuición. Kast logró convencer a ese electorado de que podía recuperar el orden.
La elección terminó. La trenza, no.
Los datos económicos sugieren que esa trenza podría estar tensándose. El Imacec volvió a caer, el desempleo alcanzó 9,4% y las encuestas recientes muestran que la evaluación negativa de la economía familiar alcanzó su nivel más alto desde marzo de 2014. Este deterioro importa no solo por sus consecuencias materiales. También porque pueden modificar la manera en que las personas interpretan otros problemas del país.
En 2019, Bernardo Mackenna, Esteban Muñoz y yo observamos que los chilenos tendían a desarrollar actitudes más negativas hacia los inmigrantes cuando percibían que la economía nacional empeoraba. No era la inmigración, por sí sola, la que modificaba esas actitudes. Era el contexto económico desde el cual las personas la interpretaban. Por ejemplo, el deterioro económico puede acentuar, especialmente en grupos medios-bajos y bajos, la percepción de competencia por puestos de trabajo. En otras palabras, la economía no solo afecta el bienestar material; también modifica la forma en que se percibe la inmigración.
Pero esa no es toda la historia.
En 2022, Andrés Scherman y coautores mostraron que, en Chile, las actitudes hacia los inmigrantes están estrechamente vinculadas al temor a la delincuencia y que la cobertura mediática que asocia inmigración con criminalidad contribuye a endurecer esas percepciones.
Vistos en conjunto, ambos estudios ayudan a entender por qué un deterioro económico puede hacer mucho más que empeorar el ánimo de los consumidores. Puede volver a tensar la misma trenza de economía, migración y seguridad que marcó la última elección presidencial.
Eso puede explicar por qué la discusión pública, a ratos, parece contradictoria. Algunos observan que la preocupación principal hoy es la economía; otros sostienen que sigue siendo la seguridad. Ambas interpretaciones pueden ser correctas y, al mismo tiempo, insuficientes: la ciudadanía no necesariamente las evalúa por separado.
Incluso los resultados que apuntan en otra dirección pueden quedar atrapados en esa misma dinámica. Los balances preliminares muestran una caída de los homicidios y de los ingresos irregulares, mientras el gobierno ha acelerado las expulsiones. Pero esos avances no necesariamente aflojarán la trenza. Cuando se deterioran las expectativas económicas, también cambia el prisma desde el cual se evalúan la seguridad y la migración. Así, el problema para Kast no es solo producir resultados, sino conseguir que sean percibidos como una mejora más amplia en la protección de las familias.
Por eso, la trenza que ayudó a explicar el triunfo de Kast también puede explicar parte de la caída de su aprobación en los últimos dos meses. Incluso si el gobierno consigue avances en seguridad y migración, estos no necesariamente se traducirán en una sensación general de mayor orden mientras persista la percepción de estancamiento económico. Desde esa perspectiva, la promesa de orden no compite con la economía: también depende de ella. Si el deterioro económico continúa tensionando los otros hilos de la trenza, el gobierno no solo enfrentará un problema de crecimiento o empleo. También podría ver erosionarse el principal capital político con el que llegó a La Moneda.
Por Ricardo González, Director Laboratorio de Encuestas y Análisis Social (LEAS) de la UAI
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