Opinión

La cultura del incumplimiento

Desde la comodidad de su gran casa en San Miguel, desde las elegantes oficinas en que se ha radicado con sus asesores, desde los Jardines de Luxemburgo en que se fotografía con shorts de marca, o desde un mullido asiento de business que lo traslada por Europa a todo pasto, el expresidente Boric ha hablado para acusar al gobierno de llevar a la crisis a la clase media endeudada vaciando sus cuentas corrientes para pagar al Estado sus deudas del CAE. Ello, no obstante saber que la ejecución de los créditos afecta a deudores que cuentan con recursos, es decir, ganan más de $3.500.000. Con seguridad, entre esos deudores los hay que no son aprovechadores o sinvergüenzas. Por eso, se les ha ofrecido acercarse a Tesorería para renegociar las condiciones de plazo.

Pero el tema del CAE es parte de la cultura del incumplimiento, de la falta de respeto por las instituciones y de la mediocridad como sistema de vida al que nos han querido acostumbrar. Lo del CAE tiene las mismas características del “no más TAG”, de saltarse el torniquete del Metro, abusar de las licencias médicas o quedarse con los dineros de las Fundaciones. Todos estos son sellos de su gobierno.

La mora en el pago de los deudores del CAE, en particular, ha significado que el Estado haya desembolsado más de 7,25 billones de pesos (cerca de 7 mil millones de dólares), para recomprar los créditos educativos a los bancos. Este enorme gasto ha ido en beneficio de 550 mil deudores. Se ha llegado a estas cifras descomunales como consecuencia de la promesa de campaña del Sr. Boric de terminar con él y merced a su personal aliento a incumplir con lo pactado. Su fallido proyecto era sacar a los bancos de la ecuación y establecer un crédito directo con el Estado, conocido como FES. Tan clara era la promesa de que el Estado no cobraría las deudas y que el FES era una fachada para esconder la gratuidad, que el número de morosos aumentó durante su gobierno de 175 mil a más de 550 mil.

En su infinita demagogia, Boric ha justificado sus críticas comparando el pago vía cuentas corrientes que ha efectuado la Tesorería con el alzamiento del secreto bancario al que, según él, se opone la derecha. Tamaña tontería no debiera resistir análisis. Sin embargo, consignas como esas, repetidas por un expresidente son peligrosas, pues apuntan a generar resentimiento social, caldo de cultivo que hace apenas cuatro años lo llevó al gobierno. Afortunadamente, la condonación del CAE es una de aquellas promesas que no pudo cumplir. Otras, mucho más graves, quedaron en el camino, como la de entregar el país en bandeja al Partido Comunista con el proyecto refundacional. Como país, ojalá pudiéramos apropiarnos del sueño de salir de la mediocridad y las malas costumbres, volver a crecer y albergar la esperanza de que los años venideros serán mejores.

Por Álvaro Ortúzar, abogado

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