Opinión

La colaboración reemplaza a la competencia

20 Marzo 2025 Estudiantes Universitarios Foto: Andres Perez Andres Perez

En la actualidad, producto de la globalización y de la complejidad que ha significado el desarrollo, la competencia está muy enraizada en la sociedad. Esto se aplica al crecimiento y desarrollo del país y también de sus instituciones. Por supuesto que las universidades no están ajenas a estas miradas y formas de trabajo. Las instituciones han estado acostumbradas a competir por estudiantes, proyectos, prestigio, recursos y presencia en la sociedad. Si bien la competencia impulsa el esfuerzo tanto personal como institucional, en los últimos años se ha presentado una diferente manera de abordar el futuro. Y así, en nuestras instituciones se ha presentado la colaboración como la gran innovación disruptiva para las próximas décadas.

En la vida académica es crucial el aporte desde diferentes miradas. Mientras la competencia estimula el individualismo incluso llegando a producir situaciones poco éticas, la colaboración promueve el aprendizaje compartido y el crecimiento colectivo produciendo un aprendizaje más profundo. Esta sinergia va a significar un trabajo interdisciplinario, colaboración mutua y mejores relaciones personales. De esta manera se fomentan las habilidades sociales y comunicativas, con solidaridad y respeto. Es la forma de favorecer el trabajo en equipo, lo que es crucial en el desarrollo de habilidades que se requerirán en el campo laboral.

Esta cultura de la colaboración va a ser clave en la educación de los estudiantes, ya que al ver a las instituciones trabajando entre sí, les será más fácil en el futuro abrirse a la colaboración. De esta manera, se preparan para enfrentar una sociedad en permanente cambio. Este ejemplo de trabajo lo vivimos durante la pandemia, la Mesa Social fue un ejemplo de trabajo conjunto del gobierno con la sociedad civil, en la que las universidades fueron un ejemplo de aporte y colaboración. Esto incorpora el concepto de que ninguna universidad es tan grande como para tener todas sus capacidades en su interior, ni tan pequeña como para no poder aportar algo sustantivo al bien común.

Es importante tener presente que toda colaboración requiere renunciar a un protagonismo individual y a la presencia de egos mal entendidos. Se requiere optar por el aporte conjunto y el resultado, más que por el lucimiento personal o institucional. Por esto, la colaboración genera sinergias, trabajo en equipo, crecimiento y de esta manera, los frutos se multiplican, obteniendo resultados mucho más relevantes. En la frontera de las disciplinas siempre habrá un vasto nuevo conocimiento que se logra a través de la colaboración.

En suma, la colaboración mira al futuro, al cambio, a la adaptación y al bien común. Se acoge el aporte de un otro, de otra universidad que busca los mismos anhelos y propósitos en el desarrollo del país. Así, se valoran las capacidades y la originalidad, llegando a una meta mayor. Es un futuro a desarrollar, de manera colaborativa.

Por Ignacio Sánchez D., Profesor titular, Pontificia Universidad Católica de Chile

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