Opinión

Hora de contrastes

DIEGO MARTIN/ATON CHILE

El precedente sentado por el súbito cambio de gabinete es claro: el primer Mandatario no prolongará situaciones cuando llegue a la convicción de que hay áreas de gestión que no están funcionando. Es mejor operar con rapidez y que la lógica de nuestro régimen presidencialista se exprese a plenitud. Es decir, los ministros son “fusibles”; si no logran adaptarse a las exigencias del cargo, se cambian y punto. El primer diseño del gabinete no dio buenos resultados. El Presidente debió pagar el costo de una mala decisión y hacer la pérdida. La señal para los ministros es categórica: no habrá tiempo y margen para los errores.

El nuevo diseño deja a Claudio Alvarado como jefe indiscutido del gobierno, biministro a cargo no sólo de la gestión política, sino ahora también del área comunicacional. En La Moneda hay una realidad nunca antes vista: sólo dos autoridades, Alvarado y el titular de la Segpres García Ruminot. Todas las decisiones sustantivas pasarán por ese eje, al cual se agrega por razones obvias el titular de Hacienda, Jorge Quiroz. Las interrogantes en este nuevo esquema son también dos: ¿el nuevo ministro de Seguridad -Martín Arrau- será el jefe de una cartera sectorial más, o pasará a ocupar un lugar en la gestión política, dada la alta prioridad de los problemas de orden público? Y, ¿cómo queda el segundo piso en este rediseño donde el biministro Alvarado domina el núcleo de la toma de decisiones?

El Presidente Kast decidió realizar el ajuste ministerial en un momento que no pudo ser escogido al azar, a sólo horas de que fuera votado en la Cámara de Diputados el megaproyecto de Reconstrucción Nacional. Con ello, acotó el impacto de un ajuste activado por errores del propio gobierno y lo puso en evidente contraste con el éxito obtenido en la votación en general y en particular de su iniciativa más emblemática.

¿Un logro político y legislativo de quién? Precisamente de Quiroz, Alvarado y García Ruminot, el eje de poder consolidado a partir del cambio de gabinete.En simple, en menos de 24 horas el Presidente Kast ilustra de manera pedagógica qué es lo que no va a permitir en su gobierno y qué estilo de gestión va a privilegiar. Una apuesta que, como todas en política, obviamente tiene riesgos, pero que al menos deja establecido los bordes de lo que no será considerado admisible y de dónde está ubicado el centro neurálgico de la toma de decisiones. De algún modo, es un nuevo comienzo después de una “partida en falso” o, como lo han destacado algunas voces en el oficialismo, el fin del proceso de instalación. Ya no hay espacio para el ensayo y error.

Si este diseño ministerial no logra concretar las prioridades del Ejecutivo en materia económica y en seguridad, será un descalabro. Pero lo que otorga cierto margen de tranquilidad al gobierno es que el ajuste se realizó recién cumplidos los dos meses de gestión, es decir, con todo el tiempo necesario para poder implementarlo.

Por Max Colodro, filósofo y analista político

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