Por Max ColodroEl muro de los tiempos

Desde el alza de los combustibles, las expectativas de la gente se han venido abajo. Según Cadem, la confianza en que la actual administración pueda hacer crecer la economía, controlar la inmigración y reducir la delincuencia ha caído un promedio de 20% en las últimas semanas. Este derrumbe en el estado de ánimo es, en rigor, una de las variables que explica -y retroalimenta- los desaciertos comunicacionales vividos por la autoridad.
Es lógico que un gobierno deba enfrentar las consecuencias de sus decisiones, como ocurrió con el precio de los combustibles. Pero es absurdo que deba pagar el precio de decisiones que no ha tomado ni piensa tomar, como eliminar los desayunos y almuerzos escolares de la Junaeb o reducir los montos de la PGU a los jubilados. ¿Qué la oposición ha sido desleal y mal intencionada al instalar el fantasma de cosas que sabe que no van a ocurrir? Esa es la oposición que el gobierno tiene al frente y no otra. Por tanto, el responsable de no filtrar documentos que alimenten ambigüedades y de informar con precisión cada una de sus decisiones, es el gobierno. Es el Ejecutivo el llamado a contrarrestar y no dar pie a los esfuerzos de sus adversarios por instalar falsedades. Y si no lo hace con el tacto y la prolijidad necesaria, no puede culpar de ello a la oposición.
Esta semana las descoordinaciones del gobierno abrieron un flanco muy delicado: tensiones entre altos personeros instaladas ya en el espacio público. El senador Squella, líder republicano, responsabiliza al “segundo piso” de estar en el origen de este cuadro de descoordinaciones. En una performance inédita, el ministro Poduje advierte que no va a cumplir las instrucciones dadas por el jefe de Hacienda, para reducir en un 3% el presupuesto de Vivienda. Un desafío mayúsculo que pone al Presidente Kast ante el dilema de tener que arbitrar entre dos ministros, lo que sentará sin duda un precedente respecto a cómo será de aquí en adelante la relación entre Hacienda y las demás carteras sectoriales.
En fin, el gobierno de Kast se estrelló rápido contra el muro de los tiempos: deterioro de la política, ausencia de diseño estratégico, personalismos y desprolijidades; ingredientes que están de nuevo a la orden del día y golpean las expectativas. Errores aparentemente menores como la redacción de un oficio, hoy pueden desatar una tormenta política. Y es responsabilidad del gobierno ordenarse comunicacionalmente, asumiendo que la oposición que tiene al frente no va a colaborar en nada; al contrario, está a la espera de cualquier desinteligencia para salir a golpearlo. Los errores de estos días, las tensiones públicas entre ministros, el oficialismo y el segundo piso, son alimento para la caída de las expectativas, un cuadro que ha dejado ya a la autoridad sin margen para insistir en seguir haciendo lo mismo. El Presidente no puede jugar el rol de escudero de sus ministros. En rigor, nuestro régimen presidencial funciona al revés.
Por Max Colodro, filósofo y analista político
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