Por Guillermo TurnerDiferentemente iguales

Las elecciones internas del Frente Amplio entran en tierra derecha. Mientras en entrevistas y debates los periodistas se esfuerzan por exponer -con escaso resultado- las diferencias entre las candidatas a presidir el partido, a nivel interno subsiste una serie de condicionantes históricas y grupos de pertenencia que moldean e inclinan el voto de los militantes hacia Constanza Martínez o Gael Yeomans.
Por un lado, aparecen los lotes (como se autodenominan) provenientes de la Izquierda Autónoma, Revolución Democrática y Comunes, entre otros. Por el otro, lotes provenientes de la Izquierda Libertaria, que derivó en Convergencia; movimientos sociales y regionales, como el más conocido “De cordillera a mar”.
Pero ese posicionamiento basado en los orígenes no explica todo y es ahí donde surgen las sutilezas. Porque unos sienten que tienen más calle que los otros. Unos juran más lealtad al gobierno de Boric que los otros. Unos consideran que promueven una oposición a Kast más dura que los otros.
Así las cosas, la directiva que gane no es indiferente, ya que podría configurar el tipo de oposición al que aspira el FA, su defensa del gobierno anterior y, lo más relevante, los esfuerzos que desarrolle para activar las movilizaciones sociales.
“Nuestra lista reconoce lo hecho por el FA”, decía Martínez en un debate en CNN Chile. “Reconocemos lo hecho, pero es un ciclo que hay que pasar”, respondía Yeomans.
“No se trata sólo de resistencia”, decía Martínez. “Me hubiera gustado ver las graderías llenas o la voz de las dirigencias sociales afuera del Congreso mientras se discutía la reforma tributaria”, respondía Yeomans.
El escenario más propicio para Kast, a la luz de estas no tan sutiles diferencias, sería un triunfo de Martínez. La mezcla entre menor presión por salir a la calle con la necesidad de defender el legado Boric permitiría al gobierno seguir jugando con la crítica hacia su predecesor como justificación para las reformas.
El objetivo es romper el inmovilismo, lucir dentro de la irrelevancia opositora y aparecer como una opción viable para 2029. Pero el problema, antes que interno, es cómo el FA convence al electorado que: 1) Es un bloque político que ha madurado y 2) Tiene respuestas a las necesidades reales de las personas.
Lo primero constituye a esta altura un mantra frecuente en las entrevistas a sus líderes. Hablan de “lecciones de humildad” y de “madurez política”, pero se cuidan de aclarar que su “proceso de reflexión y madurez ha sido genuino”, como decía Vodanovic, y no un acomodo tras las derrotas electorales.
Lo segundo es más complejo, porque aspiran a un proyecto socialista colectivo, en tiempos -y en un país- donde prima lo individual y donde las encuestas demuestran una escasa y regresiva confianza interpersonal. “Fijar un propósito común es extraordinariamente difícil”, dice Diego Pardow.
Y aunque nadie lo mencione, está también el fantasma del PDG y su capacidad de conectar con una clase media que no se asume ni de cerca proletaria y que vibra con proyectos que lleguen al bolsillo, como la devolución del IVA a los pañales. “Proponemos congelar el precio de los arriendos y precios justos para los medicamentos”, dice Yeomans. “Liberar las patentes de los laboratorios”, plantea Martínez.
“Actualmente, el malestar se expresa en demandas concretas sobre costo de la vida, seguridad, empleo, vivienda y endeudamiento”, reconoce el congreso del FA. Proponen adoptar “un lenguaje cercano a la vida cotidiana” para no ser “percibidos como lejanos, academicistas o excesivamente urbanos” (un gran reconocimiento considerando el rol clave que ha jugado el lenguaje en la conformación de la identidad frenteamplista), pero el paternalismo aflora al recomendar que las demandas de las personas sean consideradas como “aspiraciones legítimas que debemos encarnar y satisfacer, no juzgar ni corregir”.
¡No juzgar ni corregir! Aunque en su objetivo de superar el capitalismo proponen “relevar el descanso, la cultura y el desarrollo integral de las personas frente a la lógica de acumulación”, como si la acumulación no fuese resultado de las decisiones libres y soberanas que toma cada individuo.
Quizás la forma más expedita que visualizan para acercarse a la gente es lo que llaman “municipalismo”. La lista de Martínez lo destaca porque tiene entre sus adherentes a alcaldes como Vodanovic y Ripamonti. Y se inspiran en personajes como su símil de Nueva York, Zohran Mamdani, y sus supermercados populares. Es la vía “para construir poder popular, mayoría social y disputa cultural desde la cotidianeidad”, dice el congreso FA.
No son pocos los municipios en Chile, especialmente rurales, que hoy constituyen la principal fuente de empleo comunal, por lo que esta capacidad movilizadora de los alcaldes no se limita a su liderazgo o las convicciones políticas de los vecinos.
Pero si las preocupaciones de las personas son “concretas”, como admiten en el FA, tendrán que ser más claros en los beneficios e impactos de su alternativa al capitalismo, lo que los pone al borde de la lista de supermercado (o de la farmacia). De lo contrario, corren el riesgo de seguir igual de lejanos, academicistas y urbanos.
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