Por Claudia MirallesCuando se trata de mujeres en política

El sesgo de género es una forma de prejuicio o distorsión que ocurre cuando se favorece o se discrimina a una persona por su género, muchas veces de manera inconsciente. Afecta cómo pensamos, evaluamos y tratamos a otras personas. Cuando se añade el sesgo informativo, que modela la forma en cómo se seleccionan y se presentan las noticias, es necesario reconocer las limitaciones que este escenario impone a cualquier observador. No somos imparciales: ni los medios, ni los periodistas y tampoco los analistas.
Vale la pena detenerse en estos sesgos para evaluar cómo se informa en relación a mujeres que ejercen funciones políticas y cómo se combinan en estos casos los sesgos de genero e informativos.
Un caso ejemplar son las destempladas críticas a la actual vocera de gobierno, Mara Sedini. Personalmente, creo que su desempeño adolece muchas veces de manejo político o de conocimiento específico, propio de alguien que lleva un mes en el cargo. Pero el destemple en redes sociales y en los propios medios tradicionales ha sido brutal. La cosificación de la vocera y la falta de respeto han dado cuenta de los sesgos que escribo. Es muy diferente la crítica política a la que deben someterse todas las autoridades que el ensañamiento y escarnio que se ha hecho contra esta ministra.
La reciente campaña presidencial fue otra ocasión en que las candidatas Evelyn Matthei y Jeannette Jara los enfrentaron también.
En general, las mujeres que han incursionado en la política han debido enfrentar sistemáticamente sesgos de género o informativos.
Un ejemplo es el de investigación de casos de corrupción, que atraviesan todo el espectro político. En los dos Observatorio de Medios de Corrupción Municipal preparados por Imaginaccion estudiamos la cobertura de prensa de un total de 44 municipios en todo el país donde hubo casos de corrupción. Y en dos de ellos, coincidentemente encabezados por mujeres -las exalcaldesas Irací Hassler y Kathy Barriga-, el número y relevancia de las notas de prensa superó con creces a la de alcaldes hombres acusados de casos similares. Cabe recordar que, en el primer caso, el fiscal decidió no perseverar en la causa y, en el segundo, aún no hay juicio.
Otro ejemplo es el de la diputada Catalina Pérez (ex RD), cuyo desafuero recibió mucho mayor cobertura mediática que el de otros diputados desaforados, como Mauricio Ojeda (Ind.-Republicano), pese a que ambos lo fueron por cuestiones similares, vinculadas con el denominado caso Convenios.
Casos emblemáticos de ensañamiento político y medial han sido los de las exministras Javiera Blanco, acusada de tres causas sin destino y cuyo único resultado fue el daño reputacional, sin haberse comprobado delito alguno, y Marcela Cubillos, cuestionada por una renta muy alta en una universidad privada y que terminó perdiendo una elección municipal que tenía en la mano.
Así, suma y sigue la lista de nombres de desatacadas mujeres en la política, todas con trayectoria, cuya cobertura en términos de cuestionamiento público supera con creces a los estándares éticos y valóricos con que se mide a los hombres en la política.
Los sesgos informativos incluyen además el sesgo de selección y el de confirmación. Tantas veces se cubre un aspecto que se termina creando una realidad. Así lo veo en el caso de la actual vocera. El encuadre noticioso -otro sesgo- siempre a punta a destacar sus errores, reforzando los prejuicios negativos. Un caso similar es la cobertura sobre la actual ministra de Seguridad Publica, María Trinidad Steinert.
Al momento de cubrir noticiosamente el quehacer de mujeres en la política se combinan estereotipos de género y los llamados sesgos informativos. A los ya indicados, de selección y confirmación, se suman el sesgo de disponibilidad -es un hecho bien establecido que los hombres son entrevistados más frecuentes en TV que las mujeres- y el sesgo por fuente, que depende estrictamente de quien informa.
Así las cosas, las mujeres en política están obligadas a cuidar más sus comunicaciones, porque las barreras mediáticas se hacen más pesadas para todas, sin distingo de edad o de partido político.
Por Claudia Miralles, gerenta Imaginaccion Comunicación Estratégica.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE












