Por Myriam GómezCuando la IA deja de obedecer: un nuevo desafío para los directorios
Hasta hace poco, la principal preocupación de las empresas era cómo incorporar la inteligencia artificial para mejorar la productividad, reducir costos o generar nuevas oportunidades de negocio. Hoy la conversación ha cambiado. Los acontecimientos recientes, entre ellos el incidente reportado durante pruebas de un sistema de inteligencia artificial de OpenAI, han vuelto a poner sobre la mesa una pregunta mucho más profunda: ¿cómo gobernar tecnologías cuyo comportamiento puede evolucionar de formas que no siempre anticipamos?
Más allá de los detalles específicos de ese caso, el episodio constituye una señal de alerta. No porque la inteligencia artificial haya “escapado de control”, sino porque evidencia que los sistemas son cada vez más complejos, más autónomos y con una capacidad creciente para influir en decisiones críticas. La discusión ya no es exclusivamente tecnológica. Es, ante todo, una discusión sobre gobernanza.
Durante los últimos años, muchas organizaciones trataron la inteligencia artificial como un proyecto de innovación o de transformación digital, delegando su desarrollo casi exclusivamente en las áreas de tecnología. Sin embargo, cuando un algoritmo puede afectar la relación con clientes, influir en decisiones de inversión, modificar procesos críticos, generar riesgos reputacionales o comprometer el cumplimiento regulatorio, deja de ser un asunto operativo para convertirse en una responsabilidad del directorio.
La inteligencia artificial introduce una nueva categoría de riesgo empresarial: el riesgo algorítmico. No se trata únicamente de errores de programación o de ciberataques. También incluye sesgos en la toma de decisiones, falta de transparencia, uso indebido de información, vulnerabilidades en modelos generativos y consecuencias no previstas derivadas de sistemas que aprenden y evolucionan con el tiempo.
Este escenario exige ampliar la mirada. La conversación del directorio ya no puede limitarse a aprobar inversiones en inteligencia artificial o celebrar mejoras de eficiencia. Debe incorporar preguntas mucho más estratégicas: ¿qué decisiones relevantes ya están siendo influenciadas por IA?, ¿quién responde cuando un algoritmo genera un daño?, ¿el comité de riesgos comprende realmente sus implicancias?, ¿existen principios claros de supervisión humana, transparencia y rendición de cuentas?
Estas no son preguntas para el futuro. Son preguntas para el presente.
La historia empresarial demuestra que las mayores crisis rara vez provienen únicamente de la tecnología. Con frecuencia se producen cuando la gobernanza no evoluciona al mismo ritmo que la innovación. Ocurrió con la ciberseguridad, con el cambio climático y con la protección de datos. Todo indica que la inteligencia artificial seguirá un camino similar.
Mientras distintas jurisdicciones avanzan en nuevas regulaciones y los inversionistas comienzan a evaluar cómo las empresas gestionan estos riesgos, la ventaja competitiva dejará de depender únicamente de quién adopte antes la inteligencia artificial. Dependerá, sobre todo, de quién sea capaz de gobernarla mejor.
La inteligencia artificial ya no es solo una oportunidad tecnológica. Es un asunto de gobierno corporativo. Porque cuando una tecnología comienza a influir en decisiones estratégicas y a actuar con crecientes niveles de autonomía, deja de ser únicamente un activo de negocio y se convierte en una responsabilidad fiduciaria del directorio.
Por Myriam Gómez Inostroza, Directora de Empresas, Gobierno Corporativo, Sostenibilidad y Riesgos Estratégicos,
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