Opinión

Colombia: testimonio de una nación dividida

Colombia alberga una nación de 50 millones de habitantes irreversiblemente dividida. De eso da cuenta un ya largo conflicto armado que se niega a concluir con ocasión de una auténtica guerra contra el terrorismo.

Con esto digo una obviedad, lo sé, que Colombia tiene una gran característica, un patrón diferente a todos los países de la región, y es precisamente el conflicto armado por cuenta del narcotráfico.

Eso lo explica todo, o casi todo, en materia política. A riesgo de caer en burdas simplificaciones, pero, para efectos pedagógicos, cabe decir que, para la mitad de la población, ese conflicto debe abordarse y terminarse mediante la negociación política con los criminales; para la otra mitad, en cambio, solamente cabe el sometimiento al imperio de la ley de tales grupos armados ilegales y la aplicación irrestricta del orden constitucional mediante la fuerza monopólica y legítima del Estado.

El candidato de la derecha, abogado penalista, ajeno por completo a los partidos y las prácticas políticas, un genuino “outsider”, acabó de conseguir más de 10.400.000 votos, equivalente al 44% de los sufragios, mientras que su más cercano opositor, un reconocido comunista, amigo y promotor del chavismo en estas latitudes y el abierto candidato del Presidente Gustavo Petro cautivó más de 9.700.000 almas que superaron el 40% de los votos en las pasadas elecciones del 31 de mayo.

El primero promete autoridad y orden tipo Bukele; libertad y capitalismo tipo Milei, y seguridad democrática y austeridad en el gobierno al mejor estilo de Álvaro Uribe Vélez, a quien denomina “el gran colombiano”. El segundo, a contrapelo, promete continuidad y profundidad en el revolcón social y en la política de paz “negociada” de Petro; insiste en una amplia intervención de la economía, así como una enorme presencia y regulación del Estado en las libertades de los ciudadanos como lo sugieren los sagrados cánones del socialismo del siglo XXI.

Así, de esa manera, a través del voto se patentizó que bajo el mismo Estado colombiano coexisten dos naciones irreversiblemente divididas que no encuentran alternativas lúcidas que les permitan coexistir pacíficamente.

Por Rodrigo Pombo Cajiao, abogado y profesor universitario.

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