Por Shelmmy CarvajalLa prueba más compleja de los profesores chilenos
El retroceso que mostraron los resultados de la última prueba Pisa volvió a poner el foco en la crisis que se vive dentro de las aulas, donde los docentes no saben cómo recuperar la atención de los estudiantes y tampoco tienen quien los guíe. Por eso intentan de todo: desde partir la clase con gritos hasta encargar tareas usando Tik Tok.

A primera hora el profesor de educación básica Héctor Daza (51) comienza su clase con un grito. Los estudiantes –de octavo o tercero básico, dependiendo del día– lo imitan y dan por iniciada la lección. Otros días, con los más pequeños, les dice que imaginen que son elefantes. A veces, esas formas no funcionan y tiene que buscar otras. Daza relata que cada día se hace más difícil mantener la atención de los alumnos. Pese a que siempre ha sido un desafío de la docencia, los últimos 10 años se ha vuelto la principal tarea de su trabajo.
El docente hace clases hace 28 años en colegios públicos de la comuna de Independencia y ha visto cómo se ha dificultado su labor de la mano con la evolución del aprendizaje de los estudiantes. “Se distraen muy fácil y también es común ver a niños de cuarto básico con dificultades para leer. Después de la pandemia nos recuperamos de ese retroceso, pero todavía pasa mucho. Me pasó que mi hijo de tercero básico no podía leer y eso que soy profesor. No me imagino a los otros papás que no tienen herramientas como las que tengo yo”, dice.
Esto también se extiende a los cursos más grandes. La profesora Francisca González (35), quien realiza clases vespertinas en un colegio público de La Pintana, indica que los jóvenes de entre 16 y 18 años presentan problemas de atención y comprensión lectora.
“Tienen una lectura de carril o silábica. Les cuesta mucho leer en voz alta y comprender lo que están diciendo. Uno se enfrenta, de pronto, a textos que son tremendamente sencillos y aún así no hay una comprensión mayor. Como profesores tenemos que pensar mucho las clases para que resulten provechosas. Porque o se aburren muy rápido o las actividades que tienden más a la reflexión les cuestan mucho”, describe González.
Lo que ven los docentes en la sala de clases se reflejó en los resultados de la prueba internacional PISA, que arrojó un retroceso de los escolares chilenos. La medición, realizada a 6.574 estudiantes de 15 años en 222 escuelas del país, evidenció un aumento en el grupo de alumnos que obtuvieron resultados insuficientes, especialmente en matemáticas y lectura. La cifra es aún más compleja, si se considera que en comparación con 2022 en matemáticas cayó nueve puntos y en lectura, 12. Aunque Chile sigue liderando la región, al comparar los resultados con el promedio de la OCDE, un 41% de los estudiantes chilenos alcanza el nivel mínimo de competencia, versus un 65% en la OCDE.

Diversos estudios internacionales, entre ellos uno a cargo del Centro para el Desarrollo Infantil de Harvard, explica que no es que los niños y adolescentes tengan menos capacidad intelectual, sino que están expuestos a muchos distractores tecnológicos.
Héctor Daza dice que estos nuevos desafíos hacen que los profesores tengan más carga en sus horas no lectivas. “Siempre les echan la culpa a los docentes de los resultados académicos, pero hay todo un sistema detrás que queda sin responsabilidad. La mayoría de los profesores con los que trabajo dedica mucho tiempo a hacer nuevas clases cada cierto tiempo, porque está siendo muy difícil tener la atención de los estudiantes y enseñarles”, dice.
IA vs. profesores
En los últimos años cerca de 23 mil docentes han desertado del sistema. La mayoría de ellos han sido profesionales menores de 40 años. Para los profesores esta cifra es clave para entender que el aumento de la violencia escolar y los cambios en las condiciones de aprendizaje en las aulas han significado un aumento de la exigencia docente y un estrés que no todos están dispuestos a pagar.
Jorge Manzi, académico de MIDE UC, explica que “los profesores compiten por la atención que les entregan a las tecnologías. Es un gran tema en la sala de clases, porque los estudiantes prefieren la inmediatez antes que un aprendizaje paulatino”. Pese a que en marzo entró en vigencia la ley que prohíbe celulares en los colegios, las distracciones van más allá del uso del aparato.
En clases el panorama sigue la misma línea. Daza explica que es común que los alumnos sientan una “desesperación al estar sin celulares”, además que muchos de ellos no quieren salir a exponer por miedo a fallar. Acorde a un estudio de la UNAB y la UDLA, un 64% de los escolares presenta síntomas de ansiedad, algo que podría explicarse por diversos factores. Entre ellos, el uso de tecnologías.
“En general, a los niños les gustaban las pruebas que son diferentes a una tradicional, pero ahora tienen mucha distancia con exponer y tenemos que ir buscando otras formas de evaluar. Tenemos que trabajar con la ansiedad y la baja tolerancia a la frustración que tienen nuestros niños. A veces no encuentran la respuesta o se equivocan al exponer y viene la frustración rápidamente. El aprendizaje es más lento que una respuesta de internet. Se aburren, porque requiere esfuerzo sostenido, no les gustan mucho los errores”, señala el docente.
En un colegio público de La Cisterna, la profesora Jocelyn Espinoza ha tenido este debate con sus colegas, dice que hay una preocupación por cómo afrontar las clases. Algunos optan por integrar a TikTok en los trabajos y otros se niegan. Ella misma ha optado por seguir el camino tradicional y para los libros mensuales les repite a los niños que “no hay nada como el olor a libro”. Pero a veces sus esfuerzos se encuentran con los reclamos de los niños: “Que es más rápido el audiolibro o el resumen que le leen sus papás de Chat GPT”.

En el colegio de Daza igual existen estas conversaciones; el profesor cuenta que los docentes más jóvenes “se manejan en redes” y hasta le recomiendan hacer tareas a través de trends de TikTok.
“Hay un grupo de profesores que son jóvenes y tienen un nivel alto de manejo de redes. Incluso, ellos hacen videos para atraer a los alumnos. En TikTok, sobre todo, ellos piden un permiso especial, porque está prohibido y lo ocupan para hacer trabajos. Cada uno lo va haciendo a su manera”.
El académico de la UC, además, plantea que los profesores enfrentan otro desafío: el de la inteligencia artificial. “Acorde a la prueba PISA, a los que les va mejor son los que declaran que nunca, o casi nunca, usan la inteligencia artificial. Y a los que les va peor son aquellos que declaran que la usan siempre, o casi siempre. El desempeño intermedio lo tienen aquellos que la usan ocasionalmente. Gradualmente sabemos que la inteligencia artificial se va a ir difundiendo aún más, pero todavía no hay un lineamiento escolar al respecto”, dice.
Katia Alarcón, profesora de Lenguaje del Instituto Nacional, considera que en el uso de la IA hay un vacío para los profesores. Durante los últimos cinco años se ha vuelto habitual que sus alumnos entreguen trabajos con inteligencia artificial. Al principio, apelaba a la honestidad de los alumnos y en esos casos realizaba una nueva rúbrica para los trabajos con Chat GPT, priorizando qué prompt utilizaron y un interrogatorio para verificar la comprensión del tema. Sin embargo, en esas oportunidades se dio cuenta de que poco era lo que retenían los alumnos.
“Era más trabajo para mí, porque hacía una rúbrica y luego tenía que hacer otra o una segunda evaluación para los alumnos que usaban Chat GPT. Hay un debate acerca de si es bueno su uso o no. Sabemos que no se puede frenar que los alumnos lo utilicen, pero estamos solos en esto. Queda a criterio de cada profesor y es una problemática mundial. Debería haber un lineamiento, al menos ministerial, o de sostenedores”, señala.
El tema de la IA en las clases se ha elevado al consejo de reflexión pedagógica, donde participan varios colegios dependiendo de la zona. En esa instancia es recurrente escuchar a los docentes que no saben qué hacer en clases con la IA. “Algunos profes piden que haya menos trabajo administrativo para preparar más las clases y otros dicen que hay que integrarse a las redes, todos estamos aprendiendo a llevarlo”, cuenta la profesora de La Cisterna.
Actualmente sus evaluaciones están enfocadas en pruebas de desarrollo durante las clases. A esto se suma que la irrupción de la inteligencia artificial ha alejado a los estudiantes de la lectura: hoy prefieren pedirle a un bot un resumen antes que leer el libro.
Sobre la marcha
Para hacer frente a las distracciones, el profesor de Independencia, Héctor Daza, ha pensado en que los alumnos necesitan menor tiempo de clases. “Yo intento conversar harto rato con ellos, hacer dinámicas, saber cómo están y así también ocupar ese tiempo. Porque ahora es muy difícil que los chicos permanezcan 45 o 90 minutos aprendiendo”, admite. Para él esa metodología está casi obsoleta.
Mientras el magisterio apunta a problemas estructurales, para algunos los resultados deficientes globales de la prueba también tienen que ver con el atraso educacional que dejó la pandemia. Para la Agencia de la Calidad de la Educación, en cambio, no es un factor que explica por sí solo los cambios de aprendizaje.
Por otra parte, el laboratorio de investigación en educación Summa considera que la calidad docente y el mejoramiento de las prácticas juega un rol clave en el proceso educativo. “Al observar las dinámicas reales de clases en Chile, la OCDE muestra que los profesores chilenos tienen importantes debilidades -salvo en el apoyo socioemocional-, lo que muestra la necesidad de fortalecer la formación inicial y continua. Por ejemplo, mientras el 93% de los docentes utiliza prácticas de retroalimentación formativa en el aula, en Chile solo 43% lo hace”, explica Javier González, director de Summa.

Aún así, los resultados de la prueba PISA demostraron que el 88% de los estudiantes chilenos declara que sus profesores los ayudan en su aprendizaje: una cifra superior al 75% del promedio de los países de la OCDE.
Magdalena Plant, jefa de la División de Educación General de la Agencia de Calidad de la Educación, defiende que “no podemos pedirle a un profesor que resuelva por sí solo fenómenos que exceden la sala de clases. Necesitamos ambientes que permitan enseñar y aprender, pero también familias involucradas en la trayectoria educativa de sus hijos. Escuela, docentes y familias tienen responsabilidades distintas, pero complementarias”.
En esto coincide el presidente del Colegio de Profesores, Mario Aguilera, quien apunta a una revisión profunda de todos los actores de educación: “Estamos hablando de cuestiones más estructurales de lo que se le pide a la educación, lo que la educación entrega, si eso tiene relación con las necesidades y realidades del mundo de hoy y las necesidades e intereses de los jóvenes de hoy”.
Para profesores como Daza, con más de 20 años de experiencia, este momento en la docencia significa un desafío que no habían experimentado antes, incluso durante la pandemia, cuando se entendía que las condiciones alteraban el aprendizaje. Ahora, cree, la educación está llegando a un punto de transformación: “Toda mi vida he trabajado en esto y aun así se me hace difícil tener la atención de los alumnos. Todos estamos intentando reinventarnos sobre la marcha”.
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