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El vecino de Viña del Mar que recolectó 400 refranes

José Morgado lleva cerca de cinco décadas recopilando expresiones populares que escucha en conversaciones. Su colección, que ya reúne 400 dichos, fue publicada hace poco como una antología en un libro que rescata la chilenidad oral.

El vecino que busca dichos: así es reconocido José Morgado, de 71 años. Los residentes del barrio oriente de Viña del Mar saben que ha pasado cerca de 48 años de su vida recolectando refranes en cada conversación, pelea o celebración en que se encuentra. Por eso se ha vuelto una especie de celebridad local: recibe cientos de mensajes de personas que quieren saber si su frase califica para sumarse a la lista.

Su recopilación nació mucho antes de que alcanzara notoriedad entre los vecinos de la Ciudad Jardín. “Chaucha que llora, peso que canta” era uno de los refranes que más recuerda de su infancia. Morgado creció con los libros de su abuelo y sus dichos pegajosos que intentaba memorizar. Desde que era pequeño lo escuchaba hablar con fluidez el idioma de los refranes: dominaba las felicitaciones, la tristeza o lo que fuera. Por eso cuando su abuelo falleció, además de los libros que heredó, los dichos fueron el legado que buscó perpetuar.

Para Soledad Chávez, académica lingüista de la Universidad de Chile, es importante resguardar esta forma de comunicación porque “nos caracteriza como chilenos, como sudamericanos y también como hablantes de la lengua española”.

A los 21 años Morgado tenía montones de hojas con los refranes que escuchaba en conversaciones ajenas. En ese entonces, uno de sus amigos lo convenció de que lo que tenía recopilado era más que simples anotaciones improvisadas.

“Yo lo veía como una curiosidad eso de anotar los dichos que escuchaba. Me entretenía poniendo atención a los dichos de las personas y comprobar que después lo decía una persona totalmente diferente, yo pensaba que los unía ese dicho. Lo veía como algo mío. Conversando con mi amigo me di cuenta de que, aunque tenía cientos de dichos anotados, solo me acordaba de veinte. Eso es porque la circunstancia llama al dicho, no es que tú lo recuerdes. Por eso mi amigo me dijo que era importante registrarlos”, dice Morgado.

Así comenzó la tarea de anotarlos en su computadora: en la primera lista alcanzó los 200 dichos. Para 2024 su registro se extendió a 400.

“Nunca he tenido una vocación marcada por nada. La falta de vocación y lo que escuchaba de mi abuelo se fueron convirtiendo en el hábito de anotar dichos. Llevo años coleccionando dichos y yo creo que no tengo ni una parte de todos los que se dicen en el país”, señala Morgado.

Del dicho al hecho

Para Juan Antonio Massone, escritor y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, la identidad nacional no se puede separar de los dichos.

“Ser chileno implica vivir en un territorio bello, pero al mismo tiempo estamos a merced de volcanes, terremotos y el océano. Esto confiere un sentimiento de provisionalidad de la vida. Todo lo que alcanzamos o lo que pretendemos está sujeto a un peligro. Esta sensación se une naturalmente a otras características individuales. El chileno es despierto y eso lo traduce en humor, el dicho a veces ingenioso, y perfila muy bien las circunstancias o los caracteres de las personas. También es una manera de defenderse. El chileno suele echar mano de ese ingenio como si estuviera respondiéndole a la realidad adversa”.

Así, el listado de dichos de Morgado pasó de un vecino a otro hasta llegar a la editorial Tocornal –sin fines de lucro–, que se contactó con él para publicar en un libro sus 50 años de dichos.

“Mucha gente de acá sabía que yo tenía este listado y creo que eso fue lo que hizo que lo conociera la editorial. Eso fue maravilloso pero muy casual, porque nunca lo busqué. Imagínate que tengo el registro de toda mi vida, las personas sabían que yo hacía esto y lo fueron dando a conocer, al igual que con los dichos”.

El académico Massone profundiza en que los dichos son un lenguaje transversal a las condiciones sociales y otras mediciones. “Los refranes son comprensibles para todo el mundo. Pueden haber diferencias por región, pero cualquier persona puede entenderlos. Lo lindo es que se van transmitiendo de generación en generación, entonces cuando se dejan de ocupar dejan de existir para algunas personas. Por eso es importante registrarlos, para registrar lo que fue nuestra historia”.

Para el lanzamiento del libro llegaron casi 120 personas. Muchos de ellos sabían del trabajo de Morgado porque otras personas lo habían recomendado. Antiguos colegas, vecinos de Viña del Mar y desconocidos le pedían que firmara sus ejemplares.

“Fue bonito, porque llegaban las personas con sus propias listas de dichos. Yo creo que me van a faltar otros 50 años para seguir encontrando dichos antes que se olviden”, relata Morgado.

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