¿Cuánto sabemos de salud bucal los chilenos? 10 mitos y verdades sobre nuestros dientes
¿Las bebidas ácidas dañan el esmalte? ¿Debo usar hilo dental en cada cepillado? ¿Sirven los productos para blanquear los dientes? En este reportaje, tres odontólogos disipan dudas y entregan recomendaciones para mantener de mejor forma nuestra salud dental y evitar llegar a la consulta con un daño difícil de revertir.

Hay una observación habitual que los odontólogos realizan en sus pacientes: muchos se relacionan con sus dientes de una forma “estética” y llegan a la consulta en busca de tratamientos blanqueadores, brackets o carillas. Sin embargo, cuando el dentista los revisa se encuentra con una realidad de salud urgente: abundan caries y enfermedades de las encías como gingivitis o periodontitis no tratadas.
La razón es simple: si no hay dolor, las personas no consideran necesario acudir a controles odontológicos. Por miedo, falta de tiempo o de dinero, tampoco existe la costumbre arraigada de realizarse limpiezas dentales periódicas.
A esto se suma que no hay conciencia sobre lo grave que es que sangren las encías durante el cepillado, un síntoma importantísimo de la enfermedad periodontal, la principal causa de pérdida de piezas dentarias entre los chilenos y que -según cifras del Ministerio de Salud- padecen en algún grado nueve de cada diez personas.

Una boca sana es fundamental, porque es la puerta de entrada de nuestro organismo. En ella se realizan funciones esenciales como la deglución, la percepción del gusto, la producción del habla y la respiración.
La salud bucal es más relevante de lo que parece. Para poner un ejemplo: la falta de piezas dentales, que impide tener una buena masticación, se ha asociado con problemas digestivos como reflujo, gases o mala absorción de nutrientes. Sin embargo, a veces parecemos olvidarnos de esta importancia.
¿Cómo cuidar bien nuestros dientes para llegar con la mayor cantidad de ellos a la vejez? Aquí, junto a tres especialistas, revisamos 10 mitos y verdades de salud dental que pueden ayudarnos a tomar mejores decisiones a la hora de preservar nuestra sonrisa.
1.Existe una relación directa entre la salud bucal y la de otros órganos
VERDADERO. Las enfermedades periodontales como gingivitis y periodontitis, que afectan los tejidos que rodean y sostienen los dientes, se producen principalmente por la acumulación de placa bacteriana.
Según explica Blanca Khlan, directora de la carrera de Odontología de la Universidad Andrés Bello sede Concepción, la presencia de ambas patologías “tiene una directa relación con el desarrollo de otras enfermedades, como las cardiovasculares, diabetes, parto prematuro, Alzheimer, impotencia y muchas más”.
¿Por qué inciden? “Porque son enfermedades crónicas de naturaleza inflamatoria, que producen a nivel sanguíneo distintos marcadores proinflamatorios que se van reproduciendo. Si existe, por ejemplo, un desbalance a nivel periodontal, estos marcadores pueden salir por el torrente sanguíneo y afectar otras estructuras de los sistemas humanos”, explica la especialista.
Angélica Alarcón, odontóloga de la Clínica Universidad de Los Andes, agrega que las caries también hacen lo suyo, al provocar en la boca una infección que puede ir más allá, afectando a otros órganos.
“Una infección oral por causa de caries puede llegar a generar una enfermedad mayor, como una endocarditis bacteriana”, agrega la dentista. Esta es una infección del revestimiento interno del corazón o de sus válvulas, causada por bacterias.

2. Usar hilo dental o cepillos interproximales todos los días es clave en la higiene
VERDADERO. Tan importante como lavarse los dientes tres veces al día es usar algún método de limpieza interdental: un paso clave para sacar por completo los restos de comida y además evitar el mal aliento.
“El cepillo, por muy bueno y pequeño que sea, aunque se use de la forma correcta y adecuada, no va a llegar nunca a las superficies interproximales como el hilo dental”
“En general, se recomienda una vez al día. No así el cepillado, que tiene que ser dos o tres veces al día”, añade Blanca Klahn, académica UNAB.

3. Los cepillos eléctricos limpian mejor que los manuales
FALSO. “El cepillo manual es más efectivo, porque el eléctrico no llega a las mismas zonas, tienen una forma distinta los cabezales”, apunta la odontóloga Angélica Alarcón. “El cepillo eléctrico está más indicado para pacientes que tienen baja motricidad o algún problema neurológico, pacientes mayores o niños”.
“Más que el cepillo, es la técnica. El cepillo eléctrico funciona muy bien, especialmente en personas que les cuesta mucho una técnica adecuada con un cepillo manual, pero no es mejor si es que existe una buena técnica”, agrega la doctora Blanca Klahn.

4. Es mejor no enjuagarse la boca después de lavarse los dientes
VERDADERO. La mayoría de las pastas dentales que venden en el mercado tienen una concentración de entre 1.000 y 1.500 ppm de flúor, elemento fundamental para la prevención de las caries. “La indicación es, después de cepillarse, no volver a enjuagarse, porque el flúor no puede penetrar bien a través del esmalte y producir su efecto protector”, advierte la académica UNAB Blanca Klahn.
Sin embargo, esto no es una ley. “Si un paciente quiere enjuagarse que lo haga, pero después puede aplicar pasta en la boca limpia, escupir y que quede un poquito de producto en la boca”, sugiere doctor Edgar Álvarez.
En este punto es importante saber dos cosas: por disposición sanitaria, el agua potable está enriquecida con una dosis base de flúor de 600 ppm, por lo que en la medida que tomamos líquido estamos expuestos a esta protección. Otra recomendación a considerar es utilizar un enjuague bucal con adición de flúor para “compensar” lo que se ha perdido en el enjuague. Eso sí, no se debe comer ni enjuagar nuevamente durante la siguiente media hora.

5. La mejor solución ante un diente suelto o con una caries profunda es extraerlo
FALSO. Este es un consenso entre los odontólogos: extraer una pieza dental nunca será el mejor camino, salvo que no haya nada más que hacer. Un diente menos significa pérdida de hueso, alteraciones en los dientes cercanos y pérdida de funcionalidad. Cada uno juega un rol fundamental en el engranaje, y por eso, intentar mantenerlos siempre será la solución más efectiva.
Esa es la principal función del famoso “tratamiento de conducto” o endodoncia: un procedimiento odontológico que tiene la fama de ser caro, doloroso y no siempre efectivo. “Lo que hace es sacar el nervio del diente, la pulpa. Así, es un diente que queda desvitalizado, que no tiene vida desde el punto de vista de la irrigación ni de la sensibilidad”, explica el odontólogo Édgar Álvarez.
“Cuando hacemos una endodoncia es porque el diente ya estaba débil, ya tenía una cavidad. Estamos hablando de una pieza que no está totalmente sana, y al tener poca sustancia dental está más susceptible a fracturarse o a dañarse”
“La endodoncia en sí no debilita el diente; lo que lo debilita es la carie. La necesidad de hacer ese procedimiento surge porque hay caries profundas que involucran desgaste dental, o sea, daño a la estructura del diente; a la dentina. Por eso, sobre ella debe ir una restauración ad hoc que proteja al diente y proteja la endodoncia” dice la académica UNAB Blanca Klahn. De ahí que el “conducto” traiga problemas y malas experiencias posteriores si no se sigue con un tratamiento con un odontólogo especialista en rehabilitación oral.

6. Los productos que dicen blanquear los dientes funcionan
FALSO. Las pastas blanqueadoras u otros productos similares que se comercializan en farmacias y supermercados “tienen agentes abrasivos que tienden a disminuir las manchas, pero no blanquean los dientes”, explica la doctora Blanca Klahn.
“Eliminan tinciones, pero a la vez van eliminando el esmalte, que es la capa superficial del diente, y con el tiempo eso puede generar mucha sensibilidad y alteraciones que para nosotros después es complicado tratar”, señala el odontólogo Edgar Álvarez.
La solución está en el especialista, explica Blanca Klahn: “Lo que realmente blanquea son distintos productos, como el peróxido de hidrógeno, que para que tengan un efecto blanqueador deben ser aplicados por un profesional”.

7. Usar planos de relajación afecta la mordida
FALSO. Los planos de relajación se utilizan para hacer frente a problemas como el bruxismo. La doctora Blanca Klahn dice que “si están bien indicados, no debieran causar ningún problema. Si se ocupan y no se controlan cuando el dentista lo requiere o si están muy desgastados, ahí podrían tener un efecto”.
Edgar Álvarez postula una idea más revolucionaria: “Se ha cambiado el enfoque del tratamiento del bruxismo. La enfermedad, como diagnóstico, ahora está clasificada de otra forma, asociada a los trastornos del sueño, y se maneja como tal. Los planos, entonces, se usan como medida secundaria, en casos muy específicos”, comenta.
8. Ponerse carillas implica desgastar los dientes naturales
VERDADERO. Las carillas son restauraciones que se ponen sobre los dientes naturales, para diseñar una sonrisa más armónica y bonita estéticamente hablando.
La doctora Angélica Alarcón explica que existen dos formas de restaurar con carillas: directas y las indirectas.
Las primeras se hacen con composite, material que permite aplicar capas muy delgadas y que no requiere desgastar los dientes. Las segundas, que se realizan con cerámica, son más gruesas y requieren más espacio, por lo que requieren limar nuestro hueso natural.
“No es que sean malas, pero las carillas indirectas sí generan un pequeño desgaste en el diente, entonces inocuas-inocuas no son”, asegura.
Edgar Álvarez señala que en su experiencia, al hacer una carilla, ha desgastado más o menos medio milímetro en profundidad para darle el espacio que requiere. “Siempre involucra un procedimiento con un mínimo desgaste”, afirma.
“Las carillas, en general, buscan un resultado más estético. Y en esa pasada puede ser peor el remedio que la enfermedad, porque cuando no quedan bien hechas, justo la unión entre el diente y la encía se puede inflamar y no se ven bonitas”, asegura.

Blanca Klahn señala cuál debería ser el criterio para ponérselas: “Las carillas se indican a personas que tienen desgaste sobre los incisivos y caninos que requieren ser intervenidos. En un diente sano en ningún caso debiese indicarse”.
La odontóloga y académica de la Universidad Andrés Bello subraya además que ninguna restauración es de por vida: “Los materiales que se ocupan hoy en día son materiales de alta durabilidad, pero todos requieren un control por lo menos cada cinco años”.
9. Los cítricos y las bebidas ácidas dañan el esmalte
VERDADERO. “Absolutamente”, “de todas maneras”, “mucho”, dicen los especialistas. “El ataque que generan las bebidas carbonatadas o que son muy ácidas, como el té, el café, el vino, las energéticas y las bebidas ácidas, o sea, el limón, la naranja, el pomelo, generan debilidad en el esmalte”, dice Angélica Alarcón, odontóloga de la Clínica Universidad de Los Andes.
Edgar Álvarez, odontólogo de la red UC Christus, explica el mecanismo: “La acidez lo que hace es disolver la superficie del diente, que es el esmalte. Se generan muchas veces erosiones. Se ve la superficie del diente en forma irregular. Es una disolución química y eso genera esos problemas y sensibilidad”.
“Ese esmalte que está poroso es un factor retenedor de placa bacteria y se pueden alojar bacterias y generar caries”, complementa Blanca Klahn, académica UNAB.
10. Los alineadores transparentes son igual de efectivos que los brackets
VERDADERO. “Dependiendo de la patología, sí, son tremendamente efectivos”, dice la odontóloga y académica UNAB Blanca Klahn. “Se usan para alteraciones de mordida que no requieren cirugía o intervenciones mayores”.
La dentista Angélica Alarcón lo confirma: “Es un tratamiento que es muy efectivo, que acorta los plazos del tratamiento y permite una mejor higiene bucal, porque con el bracket se enreda la comida entre medio. En cambio, los alineadores pueden retirarse”.

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