Las incógnitas en materia de crecimiento y empleo
Las cifras al primer semestre dan cuenta de la debilidad de la economía y lo pertinente de haber aprobado medidas como la Ley de Reconstrucción, pero aún queda por delante la tarea de bajar los costos laborales, para contener el desempleo.

El último reporte de Cuentas Nacionales del Banco Central ha revelado que la economía chilena presentó una contracción de 0,2% en el segundo trimestre -en buena medida impactada por la actividad minera-, con lo cual el resultado al primer semestre arroja que el PIB acumuló una caída de 0,3%. Se trata de un resultado preocupante, que viene a confirmar el “frenazo” que distintos indicadores venían anticipando. En los primeros seis meses se ha podido advertir la fuerte disminución que presentó la demanda interna, mientras que por el lado de la inversión esta anotó una nula variación.
Los expertos debaten ahora si el país experimentó una “recesión técnica” y la profundidad de esta caída. El hecho de que el Imacec de junio registrara un repunte de 2,4% trajo algo de alivio, pero distintas voces técnicas han señalado que los resultados de un mes particular no permiten anticipar que se haya alcanzado un punto de inflexión, y en cambio dan cuenta de los enormes desafíos que vienen por delante para poder poner en marcha la economía.
En ese orden de cosas, la gran interrogante del mercado es si en el segundo semestre se podrán esperar números más alentadores. Es posible que las cifras de crecimiento muestren algún grado de repunte, lo que desde ya ocurrirá por efecto de base de comparación en relación a igual período del año anterior, pero parece haberse asentado un consenso de que difícilmente el crecimiento anual superará el 1,5%. Por de pronto, sigue presente la incógnita que representa el turbulento escenario internacional producto de los conflictos bélicos en Medio Oriente y otros puntos del planeta, además de lo impredecible que resulta la política arancelaria de la administración Trump. Pero no cabe duda de que la principal fuente del retroceso responde a factores domésticos, confirmando lo imprescindible de seguir empeñándose en políticas que remuevan los factores que traban el crecimiento.
La Ley de Reconstrucción recientemente despachada por el Congreso es un paso en la dirección correcta, la que tiene el potencial de poder generar un cambio de expectativas, partiendo por el sector de la construcción. Ya hay pronósticos de que el PIB podría expandirse en torno a 3% en 2027, lo que en sí constituye una buena señal, pero es un resultado que sigue estando condicionado a una serie de factores que por ahora siguen siendo inciertos.
Lo concreto es que cuando menos ya se ha aprobado una batería de propuestas para tratar de impulsar el crecimiento, pero sigue habiendo otra dimensión que resulta urgente de abordar, porque sin ella el proceso de reactivación estará incompleto. En efecto, el país sigue enfrentado tasas de desempleo muy elevadas, y lo que se ha observado es que cada vez se observa menos capacidad para generar empleos formales, e incluso las oportunidades en el mundo informal también se están haciendo más restrictivas. Parte del problema se podría ir corrigiendo con mayor crecimiento e inversión, pero en la medida que no se adopten medidas para disminuir los costos laborales a las empresas -los cuales han aumentado del orden de 50% en la última década, producto de alzas del salario mínimo, disminución de jornada laboral y otras medidas-, la capacidad para generar empleo seguirá siendo muy limitada. Esa es la tarea a la que el país debe abocarse en el segundo semestre.
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