Designación de embajadores
El razonable margen que debe tener el Presidente de la República para nombrar embajadores “políticos” no debe ser utilizado para el pago de favores o el amiguismo, sino para aprovechar trayectorias destacadas en favor de los intereses de Chile.

El proceso de designación de embajadores al inicio de cada gobierno suele estar marcado por la tensión entre nombramientos de personal de carrera y aquellos de origen “político”, y en el caso de la administración del Presidente Kast ello no ha sido distinto. Desde el gremio que representa a los diplomáticos de carrera se ha alertado que atendidos los nombres ya confirmados, existe la posibilidad de que se quiebre la regla no escrita que se ha buscado mantener desde hace años, cual es que a lo menos el 80% de las nominaciones corresponda a diplomáticos de carrera.
Aun cuando la conducción de las relaciones internacionales es una potestad exclusiva del Presidente del República, y por tanto también la designación de los representantes diplomáticos, ello en modo alguno resulta excluyente con la noción de procurar un servicio diplomático altamente especializado, que sirva de la mejor manera los intereses del país. En ese orden de cosas, tal objetivo se puede lograr con embajadores de carrera -lo que ciertamente es importante potenciar-, pero también parece razonable que el jefe de Estado tenga algún margen para designar a representantes que, no siendo parte de la carrera diplomática, posean destacadas competencias profesionales o bien una trayectoria política dilatada, esta última pudiendo ser una ventaja que el Mandatario estime relevante para efectos de tender puentes o profundizar la relación política con países que considere especialmente relevantes o estratégicos para los intereses de Chile.
Hay también un tercer nivel que vale la pena mantener, cual es la posibilidad de seguir aprovechando las capacidades de personeros que han tenido destacadas trayectorias en el servicio diplomático, pero que por razones de límite de edad no pudieron continuar. Es el caso de la reciente designación de Milenko Skoknic como embajador en Perú, o de Alfonso Silva en China, quienes a lo largo de sus carreras fueron embajadores en distintas destinaciones, y que claramente son nombres acertados para estas designaciones de alta relevancia para nuestro país.
Lo que no debería seguir ocurriendo es que el razonable margen para embajadores “políticos” termine siendo utilizado por los gobiernos como forma encubierta de pago de favores, amiguismo o como una manera de resolver problemas de política interna, práctica que en el pasado ya ha sido fuente de constantes críticas y que a juzgar por algunas de las designaciones conocidas últimamente hay razones para pensar que no se ha extinguido. Dado que el rol que hoy cumplen las representaciones diplomáticas se está tornando cada vez más exigente -donde ya no solo basta mantener las mejores relaciones con los gobiernos, sino también deben cuidarse intereses comerciales, negociar los más diversos acuerdos y moverse en un contexto geopolítico sumamente incierto- es fundamental velar por que el cuerpo diplomático tenga el suficiente aplomo y experiencia, lo que es incompatible cuando se cae en la politización de los cargos.
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