Por Francisco AravenaMundo, vamos a ponerte un tema
¿Cuál fue la última canción exitosa que denunció los grandes conflictos de su época? Cuesta actualizar ese playlist.

El racismo, la injusticia y la guerra sacudían a un país y Bob Dylan compuso Blowin’ in the Wind. Esa guerra reclutaba y mandaba a morir a los pobres y eximía a los ricos y poderosos, y John Fogerty compuso Fortunate Son, uno de los mayores éxitos de Creedence Clearwater Revival. Al otro lado del océano, John Lennon y Yoko Ono invitaban a la prensa a su dormitorio para cantar Give Peace a Chance; después saludarían cordialmente con un Happy Xmas (War is Over). La discriminación racista, la pobreza y el abuso llevaron a Marvin Gaye a enfrentarse al sello Motown para editar What’s Going On. La ansiedad apocalíptica de la Guerra Fría y la decadencia urbana londinense llevaron a Mick Jones y Joe Strummer a componer London Calling. El asesinato del activista sudafricano Steve Biko llevó a Peter Gabriel a componer Biko, que pronto se incorporó al repertorio de las protestas anti apartheid; una lista a la que después se sumaría Free Nelson Mandela, de The Special AKA. En 1992, absolución de los policías de Los Angeles que brutalizaron al afroamericano Rodney King desencadenó uno de los mayores disturbios en la historia de la ciudad y motivó uno de los mayores éxitos de Rage Against the Machine, Killing in the Name. La muerte de dos niños en un atentado del IRA llevó a Dolores O’Riordan a componer Zombie, una canción que la llevó a arrastrar con rabia su voz al frente de The Cranberries.
En nuestros barrios, la fértil canción latinoamericana se convirtió en la crónica musical constante de abusos, movimientos sociales, dictaduras y represiones.
Quien lea estas líneas podrá estar agregando sus propias favoritas a una lista larga. Pero ¿cuál fue la última canción exitosa que denunció los grandes conflictos de su época? Cuesta más actualizar ese playlist. Es cierto, son varias las estrellas de la música y las celebridades en general que manifiestan su opinión, protestan, golpean la mesa, recaudan dinero para causas altruistas. Pero da la impresión de que en algún minuto el gesto político empezó a escasear en el contenido del arte para radicarse más en el gesto del artista. ¿Quién mató a la canción protesta? ¿la prensa fue? ¿la radio tal vez? ¿Fue Bono o fue Roger Waters? ¿Fue Spotify o fue Twitter/X? ¿Fue nuestro hartazgo, nuestra desconfianza, nuestro escepticismo, nuestra apatía, nuestro individualismo, nuestra distancia cínica, nuestro feed, nuestro algoritmo?
Hablando con el New York Times a propósito del nuevo disco de los Rolling Stones, Mick Jagger comentó hace unos días sobre la actualidad de sus últimas composiciones: “uno escribe sobre relaciones personales y entre medio tira alguna frase que es obviamente política… es un truco que aprendí de otros, nadie quiere escuchar una canción entera sobre política o un comentario social”. Después aclara que cuando llama “magnate loco” a Elon Musk en Mr. Charm es en realidad un cumplido.

En un mundo hiperconectado, hipersensibilizado e hiperestimulado que ve cómo a vista y paciencia se desmantela la democracia que alguna vez fue modelo de Occidente y cómo un pueblo entero es víctima de un genocidio; en un planeta revolucionado por la angustia y ansiedad del efecto de la Inteligencia Artificial y donde las empresas más prominentes y millonarias prosperan con un modelo de negocios basado en la instigación de desconfianza social y rabia, cuesta encontrar canciones que -con algún éxito- nos hablen de todo esto. ¿Qué canción deberíamos meter en una cápsula del tiempo para testimoniar qué pasaba en 2026? Quizás la pregunta es inútil. Quizás simplemente hay que subir el volumen, y “como también el mundo se acerca al basural” acudir al llamado de Álex Anwandter cuando dice: “Ven conmigo al precipicio a bailar”.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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