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Los 50 años de U2: ¿cuál es su mejor disco?

El grupo irlandés, liderado por Bono y definido por el sonido de The Edge, cumple medio siglo como una de las grandes instituciones de la música popular. Un grupo de especialistas convocados por Culto debate en torno a su mejor álbum y las claves que los volvieron una referencia musical.

U2 en los días de Achtung Baby Foto: Anton Corbijn

Volviendo a su antiguo Instituto en Dublín, el Mount Temple Comprehensive, U2 celebró el pasado 25 de septiembre su medio siglo de existencia. Fue el mismo lugar en que comenzaron a presentarse por primera vez, una vez que el baterista Larry Mullen Jr publicó una nota manuscrita buscando músicos para formar una banda.

Desde entonces, U2 se volvió una fuerza en la música popular y hacia la medianía de los 80 comenzaron un ascenso directo a la masividad, trabajaron con gente como Brian Eno y Daniel Lanois y estuvieron en momentos claves de la cultura pop como el Live Aid de 1985.

Por ello, a tono con sus 50 años de existencia, le preguntamos a un grupo de especialistas: ¿cuál es el mejor disco de U2? En general las miradas tienden a concentrarse en un momento específico, cuando U2 ya era la banda más grande del mundo.

U2

Abre los fuegos Sergio Cancino, periodista, autor de libros sobre música popular y exdirector de Radios Uno, Concierto y Rock&Pop. “Mi favorito es Achtung Baby (1991), por la valentía de su experimentación y la huella indeleble que dejó en los noventa: su estética, el retrato de una época, la colosal One, el Zoo TV Tour, su secuela Zooropa (1993) y el cierre de una trilogía informal con Pop (1997), un disco que incluso con sus debilidades es impresionante para una banda que años antes había firmado el clásico The Joshua Tree”.

La periodista musical Bárbara Alcántara coincide en la apreciación. “Achtung Baby es su mejor disco, replanteó completamente su sonido, hasta entonces asociado a himnos de estadio. Ahora llegaban con una propuesta audaz, acorde a la última década del siglo: capas de sonido, guitarras distorsionadas y un instinto mucho más experimental. Era un U2 más salvaje, como si se hubieran desordenado al ritmo de una electrónica industrial y de paso, hubieran soltado esa necesidad de sonar tan grandilocuentes y masivos. El efecto que produce Berlín, donde fue grabado”.

“The Fly y Even better than the real thing son una cachetada sonora y explosiva, super descaradas; mientras que One, Love is Blindness y So cruel son canciones vulnerables, con una interpretación de Bono que llega a doler. Hay oscuridad, ruido y letras escritas con corazones fracturados que no han perdido la ternura. Ahí, casi al final, es justamente donde aparece su luz con la maravillosa Ultraviolet (Light My Way)”, sigue Alcántara.

Por su lado, Ignacio Olivares, director musical de Radio Duna y columnista de música de Culto, también se inclina por el mismo disco de 1991. “A fines de los ochenta, U2 lo había conseguido todo: The Joshua Tree los convirtió en un fenómeno planetario y conquistaron Estados Unidos. Pero con Rattle and Hum pasaron de la épica a la solemnidad, casi como herederos de la tradición del rock norteamericano (hasta grabaron en los estudios Sun), y la crítica se los cobró. Los irlandeses estaban en la cima y la gravedad empezaba a tirarlos hacia abajo: el desgaste y las tensiones internas casi hunden al cuarteto. Era el momento de resetearse... y qué momento. Justo cuando Alemania se reunificaba, viajaron a los estudios Hansa de Berlín (célebres por la etapa berlinesa de Bowie) y taparon las grietas a través de un lenguaje común. El resultado fue una muda de piel completa con sabor a ‘Madchester’: guitarras distorsionadas, ritmos bailables y pulsos electrónicos. Achtung Baby fue, literalmente, un llamado de atención y funcionó. U2 dejó de ser una banda de los ochenta y se asumió, para bien o para mal, como parte de la nueva década”.

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Rainiero Guerrero, director de Radio Futuro, abre la perspectiva un poco más allá. “Siento que hay dos obras que son fundamentales y que son monumentales porque marcan como el pináculo en su carrera y también la transformación después de la crisis; The Joshua Tree creo que es un discazo y Achtung Baby que es la transformación hacia los noventa y cómo la banda se actualizó y se logró insertar con una jugada maestra en términos de sonoridad y que le permitió crecer en medio de una nueva vorágine de bandas que aparecían”.

“Pero personalmente me gusta mucho The Unforgettable Fire, que es el anterior a Joshua Tree, donde se comienza a definir el sonido de U2 y eso obviamente de la mano de los productores Daniel Lanois y Brian Eno”, sigue Guerrero. “Tiene muchas grandes canciones, quedó medio eclipsado por el impacto que tuvo The Joshua Tree, que para mí es la perfección y el y como la la lupa hacia el trabajo que ya se había hecho en The Unforgettable Fire, que lo encuentro un súper disco porque insisto, es como el disco que inicia el sonido, la estética sonora de U2. Y por otro lado le tengo mucho cariño y me gusta mucho Zooropa, creo que es un gran disco que por mucho tiempo fue muy ninguneado, como el disco con las sobras del Achtung Baby, con lo que quedó, y yo creo que es un disco súper diferente, incluso más jugado en términos del uso de sintetizadores, experiencias con la música electrónica y está lleno de buenas canciones”.

¿Qué hizo grande a U2?

Con un consenso a torno a Achtung Baby como el disco clave de U2, preguntamos a los especialistas acerca de los otros factores que marcaron la historia del grupo. ¿Qué hizo especial a U2? ¿Cuál diría que es su principal aporte? Ahí la mirada se orientó fundamentalmente hacia el sentido social del conjunto.

Sergio Cancino se explaya. “U2 encarnó el concepto moderno de banda de rock comprometida a gran escala: mirada sociopolítica combinada con una sensibilidad espiritual, todo expresado en música masiva, épica y emotiva. Ese es el rasgo de sus mejores canciones, ya sea I Will Follow, Bad o Vertigo. Fue un grupo definido por un relato cuidadoso y consistente: tenían el talento, en sus momentos más inspirados, para sonar cercanos incluso tocando en estadios desde sus escenarios mastodónticos. Ese equilibrio comenzó a desdibujarse desde el disco No Line on the Horizon (2009) y creo que no han podido recuperarlo”.

Por su lado, apunta Bárbara Alcántara. “Creo que el principal aporte de U2 fue hacer rock de estadios, pero con contenido, activismo político, discurso social y, por supuesto, mucha tecnología. Musicalmente tienen a uno de los líderes más carismáticos del rock de su generación, junto con una identidad que los caracteriza: la guitarra de The Edge y esa capacidad tan suya de expandirla hasta crear atmósferas. Cuando maximizan eso, como lo hicieron en Achtung Baby (1991) o Zooropa (1993), suenan fenomenales”.

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Mientras, con su bagaje radial, Ignacio Olivares apunta a otros factores. “La capacidad de regenerarse en cada época, aunque a veces fuera al límite del oportunismo. A pesar de Bono —cuyo altruismo/ególatra ha cosechado muchos anticuerpos– el grupo se sostuvo leyendo bien los signos de los tiempos: el post punk con conciencia política de War, la gira Zoo TV que anticipaba la saturación mediática de la globalización y All that you can’t leave behind como el regreso a lo esencial. El timing no siempre les funcionó: con Pop llegaron tarde a la electrónica y sonó forzado; la distribución automática de Songs of Innocence en las cuentas de iTunes fue, quizás, su lectura más desastrosa de la época. U2 siempre arriesgó su identidad para cambiar y pagó el costo de reinventarse sin dejar de ser masiva. En retrospectiva la apuesta resultó: ha pasado medio siglo y nadie podría decir que U2 se convirtió en un número de nostalgia”.

Remata Rainiero Guerrero, subrayando sobre todo el material musical. “La gran gracia de U2 es que tienen grandes canciones; hay un componente de canciones cercanas en términos de temas cercanos a la gente, hay un componente político también, súper profundo. Y yo creo que U2 también fue de esas bandas que azotó el mercado en términos de ventas, en términos de lo que significó una banda desde Irlanda que se instalaron en Estados Unidos y se transformara como casi en dueños de casa. Pero todo todo todo va siempre de la mano de las canciones, yo creo que en ese sentido el el proceso compositivo de U2, de The Edge, Bono, Larry Mullen y Adam Clayton, yo creo que es genial”.

Relacionado con lo anterior, Guerrero apunta a otro factor. “U2 siempre se supieron rodear de buena gente, productores, músicos, a la hora de hacer sus trabajos, yo creo que la incorporación de Daniel Lanois y de Brian Eno, desde The Unforgettable Fire, de alguna manera garantizó no solo el éxito, sino como el crecimiento de la banda”.

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