El deseo de leer

SEÑOR DIRECTOR:
Los resultados de PISA encienden una alerta. En Chile, el desempeño en lectura lleva cuatro mediciones consecutivas a la baja. Entre las explicaciones aparecen la pandemia, las pantallas, los cambios en nuestros hábitos y las nuevas formas en que niños y jóvenes se relacionan con el conocimiento.
Todas merecen atención. Pero estamos dejando fuera una pregunta más sencilla: ¿cómo hacemos para que un niño quiera leer? Hablamos mucho de fomentar el hábito lector. Hoy ese desafío es insuficiente. Nuestros niños crecen rodeados de estímulos que capturan su atención de manera inmediata y permanente. Podemos regular el uso de un teléfono y limitar una pantalla. Lo que no podemos imponer es el deseo de abrir un libro.
Ese deseo se construye. Aparece cuando un niño descubre una historia que lo atrapa, cuando alguien le lee, cuando puede elegir qué leer, cuando un cómic se convierte en la puerta hacia otro libro o cuando la lectura deja de estar asociada únicamente a una obligación escolar. También cuando existen bibliotecas y espacios culturales que reúnen libros con conversación, juego, encuentro y curiosidad.
Sabemos que no existe una única puerta de entrada a la lectura. También sabemos que, frente a generaciones que se relacionan de una manera distinta con el conocimiento y la entretención, hoy necesitamos abrir muchas más.
PISA mide cuánto comprenden nuestros jóvenes a los 15 años. Nuestro trabajo empieza mucho antes: hacernos cargo de que encuentren razones para leer y descubran, por ellos mismos, por qué vale la pena hacerlo.
Alejandra Valdés Raczynski
Directora ejecutiva Corporación Cultural de Lo Barnechea
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