Cartas al Director

El borde que falta habitar

SEÑOR DIRECTOR:

La recuperación del borde del río Mapocho representa una oportunidad para reconciliar a Santiago con uno de sus espacios más emblemáticos. Sin embargo, el éxito de una intervención urbana no debería medirse únicamente por la cantidad de infraestructura construida, las áreas verdes o los kilómetros de ciclovías. La verdadera transformación comienza cuando un espacio logra integrarse a la vida cotidiana de quienes habitan la ciudad.

Esa experiencia, sin embargo, no es igual para todas las personas. La ciudad no se habita de igual manera según el género. Para muchas mujeres, recorrer el espacio público implica evaluar constantemente la seguridad del entorno, modificar horarios, cambiar trayectos o evitar determinados lugares. La percepción de inseguridad también diseña la ciudad, porque condiciona quiénes la usan, cuándo lo hacen y de qué manera la habitan. Ignorar esa dimensión significa proyectar espacios que, aunque bien resueltos desde lo técnico, pueden seguir siendo poco habitables.

Más que inaugurar un nuevo paseo, el desafío es recuperar un borde históricamente desconectado de Santiago y convertirlo en un lugar de encuentro, permanencia y confianza. El verdadero indicador de éxito no será la magnitud de la obra, sino su capacidad para convertirse en un espacio cotidiano, donde cualquier persona pueda caminar y apropiarse de él con la misma libertad. Solo entonces podremos afirmar que el Mapocho dejó de ser un límite urbano para volver a ser parte de la ciudad; una ciudad no cambia cuando inaugura una obra, sino cuando las personas dejan de evitarla.

Teresa Cortés

Académica arquitecta urbanista

Universidad Finis Terrae

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